Mostrando entradas con la etiqueta administración y gestión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta administración y gestión. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de agosto de 2016

Lectura de verano: Historia de una enfermera (XXXII)

Capítulo XI
Restos del naufragio (4)
(Si no leyó la entrega anterior pinche aquí. Luego le traemos de vuelta)



El tiempo me ha dado la razón, y la decisión que me obligaron a tomar hace que en mi fuero interno, a ratos me sienta orgullosa de ser tan necia. Sin embargo, no escuché agradecimiento alguno. Nunca hubo cena de despedida, ni frases de adiós, ni más adelante, al reencontrarme con algunas de esas personas que creí parte de mi equipo, recuerdo alguno al período que pasé allí.
Ahora son conocidas, amigas incluso algunas, pero esos años han quedado como una nebulosa, se quejan entre dientes por lo que tienen ahora, pero no demasiado alto, sabedoras de cuál es mi contestación, algo abrupta para dejarla escrita, por lo que no suelen contarme nada cuando nos reencontramos. Y si se trata de algún directivo (más bien, exdirectivo), pasa de puntillas a mi lado, como si nunca hubiese compartido despacho con ellos... y el caso es que es cierto, mi despacho estaba al lado de mi equipo de compañeras.
Si me preguntas qué volvería a hacer, te contestaría que volvería a decir que sí, que volvería a ser supervisora, que lo que me llevé de allí es la mejor escuela de gestión por la que se puede haber pasado en la vida. Que se me abrió la puerta a un mundo desconocido en el que he ido creciendo profesional y formativamente.
Pero si me preguntas qué no haría otra vez, Juan, te contestaría que intentaría mantener un poco la distancia; tratar de entender pero sin posicionarme; escuchar pero sin querer complacer; ponerme una coraza para no recibir los golpes; nunca dar una orden o noticia sin tener la plena seguridad de lo que hago; tener siempre información, a ser posible escrita; hacer caso de los buenos consejos, como el que me dieron a los pocos meses de llegar al servicio: “Créete que eres la jefa, si no te lo crees tú la primera, nadie más te va a tomar en serio”.
No lo digo por decir… Cuando, algunos años después, tuve la oportunidad de asumir un reto de gestión de mucha mayor enjundia, créeme que recordé bien estas palabras que entonces pensé y ahora te acabo de escribir.

Próxima entrega: "Fly me to the Moon" (1)


martes, 9 de agosto de 2016

Lectura de verano: Historia de una enfermera (XXXI)

Capítulo XI
Restos del naufragio (3)
(Si no leyó la entrega anterior pinche aquí. Luego le traemos de vuelta)  



...hasta que en octubre me cansé: salí de una reunión en la que se me ordenaba tomar una decisión que estaba segura de que no era correcta, por muchos motivos, motivos que expuse y defendí a capa y espada. Y me cansé, no me gustaron las formas, ni los modos, ni me gustaba que mi opinión se obviase como si la única que ponía sobre la mesa los problemas fuese yo. La dirección desoía mis recomendaciones, no atendía a las quejas que trasladaba desde el personal, no escuchaba ni daba valor a mi opinión profesional, así que terminé por cansarme.

lunes, 8 de agosto de 2016

Lectura de verano: Historia de una enfermera (XXX)

Capítulo XI
Restos del naufragio (2)
(Si no leyó la entrega anterior pinche aquí. Luego le traemos de vuelta)  


En la Unidad, alentada por las propias compañeras, conscientes de que el tema administrativo me estaba engullendo, y como último intento para tratar de mantenerme en pie, conseguí que nos pusieran un auxiliar administrativo. Así que, en ese sentido, pero solo en ese, las cosas fueron más sencillas porque ya conocía las rutinas y entre las dos organizamos tablas y carpetas compartidas que nos ayudaban a gestionar muy eficaz (y cómodamente) la enorme carga de papeleo.

viernes, 5 de agosto de 2016

Lectura de verano: Historia de una enfermera (XXIX)

Capítulo XI
Restos del naufragio (1)
(Si no leyó la entrega anterior pinche aquí. Luego le traemos de vuelta) 



La "madre de todos los errores" fue no ser todo lo asertiva que debiera; intentar complacer a todo el mundo es imposible, y normalmente fuente de conflicto y de desgaste emocional, pero eso es una lección que aprendí entonces; después de que me quitara el sueño varios días tener que contradecir a alguien (máxime cuando sabía que tenía parte de razón). Me dolía imponer medidas desde la dirección que fuesen prejudiciales para mi equipo, y aunque mi tozudez al final me costó el puesto, ya que si no dimití fue porque aceleré mi traslado a Madrid, los últimos meses fueron verdaderamente atroces.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Lectura de verano: Historia de una enfermera (XXVII)


Capítulo X
¿Y por qué no? (2)
(Si no leyó la entrega anterior pinche aquí. Luego le traemos de vuelta) 

Pero el idilio de esta enfermera con el puesto de supervisión duró poco tiempo, y en abril de 1989 (ni siquiera un año después) mi todavía director de enfermería volvió una vez más a insistir en mi persona como supervisora de la unidad. Viendo que en esta ocasión ya nadie quería el puesto (meses después entendería los motivos) y tras una ardua digestión de los pros y los contras, pensé... ¿Y por qué no?, los retos están para superarlos, no quería bajo ningún concepto preguntarme años después qué hubiese pasado.
La unidad de Diálisis me encantaba, y el hecho de haber tenido una mala experiencia con la gestión que me tocó cuando trabajaba allí me convenció de que si quieres que algo cambie el cambio comienza en ti. Así que me decidí a tirar para adelante, a intentar hacer las cosas bien, como tantas y tantas veces nos habíamos planteado en la salita mientras arreglábamos el mundo... En esta ocasión dejaría de quejarme e intentaría hacer las cosas lo mejor posible, le estaba poniendo el cascabel al gato.
Un 17 de abril de 1989 inicié mi andadura en el mundo de la gestión sanitaria. Las expectativas que tenía puestas, la verdad que no eran muy ambiciosas: hacer las cosas lo mejor posible, tener siempre al paciente en mente a la hora de tomar las decisiones y sobre todo hacer las cosas de forma participativa, contando con la experiencia y el saber de todo el equipo.
La gente en general me recibió, digamos... que ni bien ni mal, simplemente me recibió. Todas me conocían ya que había sido compañera durante unos años, pero tenían la mosca detrás de la oreja y como muchas me confesaron después, pensaban que iba a "dar mucha caña". Estaban convencidas de que era el arma que la dirección disponía para atormentarlas. Nada más lejos de la realidad.
El primer año fue muy duro, hacerme con la gente, con el manejo de toda la parte administrativa, gestionar recursos materiales y humanos, coger el ritmo a la unidad fue agotador. Ese mismo otoño me decidí a hacer un curso de liderazgo profesional, que sería la primera línea de mi currículo gestor. Lo impartía un brillante coach que me enseñó la importancia y el significado de palabras como resiliencia, expresiones como win-win, que primero hay que hacer lo importante y no lo urgente, me abrió la puerta al mundillo del liderazgo emocional...
Claro que nada de eso se llamaba así entonces, pero era lo-mismito-lo-mismito, no hemos evolucionado mucho en las cuatro reglas de la gestión de equipos y el liderazgo… Eso sí, hay que tener actitud (eso, lo tenía de serie), aptitud (un equipamiento que tuve que adquirir) y temperamento (y de eso, descubrí que tenía menos  -o peor- del que pensaba).

Mañana: "¿Por qué no?" (3)


martes, 2 de agosto de 2016

Lectura de verano: Historia de una enfermera (XXVI)



Capítulo X
 ¿Y por qué no? (1)
(Si no leyó la entrega anterior pinche aquí. Luego le traemos de vuelta) 

Era Semana Santa y estaba tranquilamente, tomando algo con unos amigos en un bar cerca del hospital, cuando apareció  el que entonces era director de enfermería del centro. Hacía años que nos conocíamos, desde que fuera mi compañero de turno a finales de 1982 en Medicina Interna. Y pese a que fueron pocos meses, el hecho de que fuera mi primer contrato como enfermera hizo que siempre le tuviese un especial afecto; y creo que él también a mí.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Lectura de verano: historia de una enfermera (XXIII)

Capítulo IX
Aurora en la administracion: lecciones aprendidas (1)
Si es nuevo en la serie, disfrute la primera temporada completa
Si se perdió las entregas anteriores de esta segunda temporada aquí las tiene Primera Segunda Tercera Cuarta Quinta

Incluso, fíjate, aprendes a entender un poco más a los pasotas, happyflowers y demás fauna “disfuncional” que tanto nos irrita cuando compartimos control o sala. Muchos han intentado modificar sus conductas mediante la persuasión, la exhortación, el palo y la zanahoria. Y han fracasado una y otra vez, por lo que finalmente se les pone la etiqueta de “irrecuperables” y el principal objetivo es que fastidien lo menos posible.
No se dan cuenta de que no es posible modificar –al menos de manera que persista en el tiempo– conductas, si no se modifican antes actitudes; y ahí no se trabaja, sigue vigente una concepción primitiva de tipo pavloviano condenada al fracaso.
Me niego a creer que haya chicas y chicos de 20 años con tan mala baba que se decidan a estudiar enfermería para putear a los pacientes, a sus compañeros y al "sistema". A ver, alguno habrá con un gran "crujido mental" de este tipo, pero creo absolutamente que no es así de manera significativa. Luego habrá que pensar que en la generación de "disfuncionales" y "anómicos" tendrá mucho que ver la interrelación persona-sistema, ¿no? Durante su socialización en el pregrado (fun-da-men-tal) y durante su primera experiencia laboral. Ya sé, ya sé... el sistema no se va a adaptar a las peculiaridades de cada uno de sus trabajadores, faltaría más, pero sí hay que decir que culpar en exclusiva a las personas de su evolución a lo largo del sistema no es sino engañarse. La micro-gestión era entonces una porquería amateur en manos de enchufados-jetas o pardillos-voluntaristas y me gustaría pensar que hoy en día ya no es así... pero no estoy muy segura.
Cuando te acercas “desde fuera” y aplicas el famoso método de los cinco porqués, en un entorno íntimo y seguro, sorprende la cantidad de información que extraes.
Te voy a contar una historia real: Moisés, 39 años, 16 de profesión. Llevaba cuatro años en un centro de media y larga estancia. Desde que llegó había seguido una evolución muy negativa en cuanto a esfuerzo y rendimiento que le había llevado a ser una grave fuente de conflictos en la unidad, no tanto en el plano relacional con los compañeros, como por parte de la supervisora, harta de aguantar las quejas de médicos, de auxiliares  –a las enfermeras las camela bien–  y de familiares de pacientes:


sábado, 5 de septiembre de 2015

Lectura de verano: historia de una enfermera (XXII)

Capítulo VIII
Aurora en la administracion (5)
Si es nuevo en la serie, disfrute la primera temporada completa
Si se perdió las entregas anteriores de esta segunda temporada aquí las tiene Primera Segunda Tercera Cuarta

Aún me quedé unos meses, casi casi un año, mareando la perdiz, hasta que pedí volver a la clínica. Por lo que vi, podría haberme quedado, no sé si toda la vida, pero desde luego unos cuantos años más viviendo del cuento; se me hizo algún encargo concreto, más bien de documentación o de redacción de discursos y preparación de powerpoints para los jefes y para la enfermera alfa, preparé algunas cosas mías para congresos, participé en un par de mesas redondas... y poco más.
¿Mi experiencia en “La Administración”, ese ámbito profesional difuso que no es exactamente gestor, tampoco directivo? Agridulce. Yo diría que un balance personal más positivo que negativo, a pesar de los vividorazos que encuentran aquí su sustrato perfecto, y que incluso lo negativo ha acabado teniendo algunos efectos positivos en mi manera de ver las cosas.
Aprendí un montón. A ver… No aprendí “cosas” concretas que me sirvieran luego para empezar a hacer mejor las "cosas" de siempre o hacer “cosas” nuevas, pero sí me dio una cierta madurez intelectual, una manera diferente de mirar las cosas, incluso, fíjate Juan, aprendí a mirar la enfermería desde fuera, eso que tú siempre dices que es tu principal ventaja.
Cuando te acercas a otras enfermeras, a mirar lo que hacen y cómo lo hacen (y lo que no hacen y por qué no lo hacen), no con ojos de compañera o de jefa, sino de “investigador”, entiendes muchas cosas que antes no entendías. El enorme mérito que se esconde en pequeñas tareas que pasan desapercibidas pero que esconden una actitud firme y entregada: la grandeza de lo pequeño y cotidiano. Todo eso que se reserva dentro del "equipo" y que nosotras mismas no valoramos porque forman parte de “lo de cada día” y que, por tanto, no enseñamos a valorar y apreciar fuera de nuestro pequeño mundo.
Entre otras cosas, los "marrones", de los que no se trata solo de salir como mejor se pueda para uno/a mismo/a  –algo muy de médicos si se me permite, la famosa "teoría del browning"–, sino de salir solidariamente, tratando de fijar soluciones para que el resto del equipo no caiga otra vez en las trampas que todos (¡todos!) los demás nos ponen para zafarse de sus propias responsabilidades. (¡Tu calidad de vida al respecto depende mucho de la supervisora con la que cuentas como presa de contención!). Empezando por los médicos, como ya he dicho, pero siguiendo con los administrativos, sobre todo de Admisión, Urgencias y Archivo, y acabando con los celadores, pinches y demás fauna parasanitaria, que son como los pimientos de padrón: unos pican y otros no. Si no pican... bueno, tienen una gran capacidad para hacerte la vida muuuuy difícil y el turno muuuuy largo, parece mentira pero es así.
Caso aparte en esta estrategia escapista son los familiares de los pacientes, pero a fin de cuentas estos no cobran, sino que son, como se hartan de racalcar para reforzar sus tácticas egoístas, en muchos casos legítimamente porque están simplemente agotados, quienes "me pagan el sueldo".
Luego hay quien dice que no podemos ocupar posiciones de responsabilidad gestora... Ningún estamento como la enfermería está tan habituada a hacer gestión en su día a día asistencial. Y en general, saliendo airosos, solucionando los problemas y tapando las carencias y vergüenzas ajenas.
Ay, perdona, Juan... aquí ya he mezclado lo objetivo con lo subjetivo, se me va la pinza... Mañana trataré de subsanarlo.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Lectura de verano: Historia de una enfermera (XIX)

Capítulo VIII
Aurora en la administracion (2)
Si es nuevo en la serie, disfrute la primera temporada completa
Si se perdió la entrega de ayer puede recuperarla aquí antes de seguir 


Dieron comienzo los trabajos. Visitas a centros sociosanitarios, hospitales de media y larga estancia, unidades de cuidados paliativos, una breve visita a dos hospitales de diputaciones provinciales de otras comunidades autónomas donde se estaban desarrollando interesantes experiencias (y se comía un magnífico cochinillo) y mucho trabajo de despacho, cuestionarios que enviar y recibir, bibliografía y documentación que revisar, subrayar y resumir en fichas... Semanas y semanas de trabajo bonito, creativo, tareas en la cual la mayoría de nosotras, las enfermeras, aprendimos más de lo que aportamos.
Los resultados intermedios que íbamos obteniendo los trasladaba nuestra Coordinadora a los plenarios con las diferentes unidades directivas del Servicio de Salud. Lo que en esas reuniones sucediera quedaba absolutamente fuera de nuestro alcance. El feedback era absolutamente inexistente. Siempre había ido "todo muy bien", lo cual nos tranquilizaba mucho.
Y llegó el momento de empezar a dar forma al documento definitivo, para lo cual habría que crear varias comisiones mixtas; así que había llegado el momento de confrontar todo lo que aprendimos sobre enfermería sociosanitaria con el resto de la organización.
Un desastre. Sin paliativos (ni cuidados, ni de los otros). Pongo un ejemplo y resumo en él el resto de las surrealistas comisiones mixtas... así como el resultado final de todo esto.




martes, 1 de septiembre de 2015

Lectura de verano: historia de una enfermera (XVIII)

Capítulo VIII
Aurora en la administracion (1)
Tras el paréntesis de agosto, continuamos con la temporada 2.
Si es nuevo en la serie, disfrute la primera temporada completa

En el año 1994 mi vida profesional se volvió de lo más estimulante: me invitaron a incorporarme en comisión de servicios, “durante un período no inferior a seis meses ni superior a un año” (aunque al final duró casi dos años y medio), a los Servicios Centrales de la Consejería de Salud como asesora para la estrategia de asistencia sociosanitaria que se estaba diseñando.
No lo entendí muy bien, ya que entonces mi experiencia práctica sobre el tema era muy limitada, pero pensé que era un orgullo, y muy necesario, que contaran con enfermeras a la hora de diseñar estos programas. En aquellos momentos, había salido como alma que lleva el diablo de hemodiálisis y llevaba un año y medio en la Unidad del Dolor. Morfina, cáncer, viejos, paliativos... “¡sociosanitario total!”, debió ser el endeble esquema mental de un(os) valedor(es) que sinceramente nunca llegué a saber quién(es) fue(ron).
Tras algunos papeleos que se demoraron “lo normal”, aterricé en la Consejería después del verano de 1994. Me incorporé a un reducido grupo de enfermeras procedentes, como yo, del ámbito asistencial, a excepción de nuestra Coordinadora, una enfermera más o menos de mi edad que tuvo el buen juicio de aprobar una de las últimas oposiciones de enfermera de Asistencia Pública Domiciliaria, los famosos APD (*). A hombros de buenos padrinos y/o madrinas, duró en la asistencia menos que un iPhone6 en la puerta de la SGAE... Así llevaba desde 1983 o 1984, primero en el Ministerio, después en la Escuela Nacional de Sanidad, de vuelta al Ministerio, luego en la Consejería de Sanidad de Castilla-La Mancha, una breve incursión en la Dirección de Enfermería del Hospital Carlos III (entonces, creo recordar, "Hospital del Rey") y finalmente en la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid.
Ella era, en estos entornos gubernamentales, la voz de la enfermería “progresista” nacional. En realidad, como entendí al poco de empezar a trabajar con ella, la enfermería era una buena disculpa para alguien que no aspiraba a grandes responsabilidades políticas ni técnicas, sino más bien a vivir del cuento con un perfil bajo, como se dice ahora. Un discurso absolutamente oxidado y estereotipado que, no obstante, era recompensado con grandes aplausos allí donde le dejaban evacuarlo, gracias al "nena, tú vales mucho" con que salpicaba su discurso para dar una pequeña satisfacción emocional al sufriente auditorio enfermero. Y, eso sí, claro, un sueldito, con unos complementos de productividad y trienios crecientes; un despachito; congresos y comisiones mixtas de transferencias para viajar algo; gente a la que mangonear y con la cual firmar los artículos que escribíamos todas menos ella... Todo un personaje.
Lo malo es que daba el perfil de lo que los organismos públicos podrían esperar de las enfermeras, algo tan injusto como inevitable: ella era La Enfermería, así con mayúsculas y en negrita. No era una gran intelectual ni tenía una gran preparación técnica, pero era lista, obsequiosa y obediente. Y tenía buen ojo ‒no lo digo por mí, malpensado, no soy tan fatua‒  para rodearse de gente que supliera sus (importantes) carencias.
(Creo que unos años después aterrizó en el Ministerio, donde ha vuelto a tener estos últimos años una gran presencia, metamorfoseada en esta época mariana como la voz de la enfermería "técnica". En fin...)

(*) En realidad ATS/DUE Titulares [nota del revisor].


miércoles, 29 de julio de 2015

Lectura de verano: historia de una enfermera (XV)

Capítulo VII
El 'cuerpo sufriente' (3)


Sé que tenía que hablarte del año y medio que desempeñé el puesto de supervisora de la Unidad, pero ahora me apetece más contraponer dos realidades y cómo un solo detalle puede significar pasar del cielo, al infierno (ser "alma mística" o "cuerpo sufriente", perdona por la broma).
Nos casamos y al poco él terminó la residencia. Pero en nuestro hospital, todas las plazas de adjunto estaban ocupadas. Trabajó discontinuamente y a tiempo parcial en un par de clínicas privadas, pero vimos pronto que allí su carrera no tenía futuro: los médicos adjuntos eran muy jóvenes y no era probable que se crearan más plazas a corto plazo. Y yo, además, estaba ya preparada para soltar amarras, me apetecía cambiar de escenario profesional y personal. Echó mano de algunos contactos y en unos meses encontró una interinidad que parecía bastante estable en el servicio de cardiología de un gran hospital de Madrid.
Costó encajarlo todo, también en lo laboral, pero entonces aún existían concursos de traslados y yo conseguí una comisión de servicios en otro hospital diferente de Madrid, hasta que unos meses después obtuve el traslado definitivo. Cuando me entrevistaron, vista mi experiencia de Diálisis y la poca demanda interna que había para cubrir las plazas de enfermera en esa unidad, empecé directamente en una que, en vez de ocho puestos, tenía 16. Justo el doble.
El trabajo era el mismo. Las compañeras, gente maja de toda España que habían acabado sacando plaza en Madrid. Mucho mejor dotada tecnológicamente; con una plantilla médica mucho más grande, instalaciones preciosas... pero un clima laboral terrible. Asfixiante. Deprimente e irritante.
¿Cuál era la diferencia? El Jefe de Servicio; más exactamente, la Jefa de Servicio.

[Próxima entrega, "El cuerpo sufriente (4)"]


sábado, 18 de julio de 2015

Relato de verano: historia de una enfermera (VI)

Capítulo IV
El desmoronamiento de un sueño (1)


Lo primero que me chocó, a mí y creo que a muchas enfermeras más, cuando nombraron, para sustituir a la avinagrada Jefa de Enfermeras, a nuestra flamante Directora de Enfermería... es que no era directora, sino director. Un tipo majete, de la UGT de toda la vida, supervisor de consultas externas... A pesar de que es sabido que a los cargos se debería venir meado y formado, la formación gestora y directiva del caballero tendía a cero. Así que lo primero que hicieron fue pagarle un máster en la Escuela Nacional de Sanidad, en Madrid, a donde acudía una semana al mes... casi diría que un descanso para él... y para todos nosotros.
Nombró rápidamente a su equipo, en el que incluyó algún profesional de prestigio (la Presidenta del Colegio a la que me referí antes, como Subdirectora de Docencia y Formación Continuada). Y para completar el organigrama a su imagen y semejanza, cambió el sistema de selección de las supervisoras: en un alarde de modernidad, lo pasó de analógico, a “digital”.
Se olvidó rápido de sus orígenes sindicalistas y se convirtió en el más fiero ejecutor de las políticas dictadas por el equipo catalán que había desembarcado en el Insalud: movilidad interna forzosa; concursos de traslados reducidos al mínimo; fuera los turnos fijos de noches; trabajar un sábado al mes para cumplir a rajatabla las 37,5 horas semanales del Estatuto; fichar a la entrada, a la salida, en el desayuno, casi para ir al baño; ¿tanto permiso para cursos y actividades formativas?: al mínimo; cambio del sistema retributivo...
Y además, por cierto, las nuevas políticas se habían planteado como un objetivo básico terminar con una situación que consideraban demasiado acomodaticia en cuanto a la estabilidad en el empleo: entendieron que era mucho más conveniente disponer de mano de obra precaria y que no tuviera una expectativa tan prometedora para su vida laboral, de manera que, aprovechando la corriente estandarizadora que supuso la Ley de Función Pública de 1984, y siempre sin derogar unos estatutos de personal de los años sesenta (que siguieron vigentes con sus correspondientes parches hasta 2002), acabaron con el Concurso Abierto y Permanente (aunque seguiría coleando unos cuantos años, en algunos sitios casi hasta los noventa), establecieron el concurso-oposición como sistema universal de acceso a las plazas fijas y crearon un verdadero ejército de muchos miles de enfermeras (y auxiliares, médicos, celadores, administrativos...) con empleos precarios –“hoy te contrato aquí tres meses, mañana te mando allí dos, pasado cobra el paro hasta Navidad, que se han acabado las suplencias de verano”–, de manera que el sueño más preciado ya no era obtener una plaza fija, sino una interinidad, situación temporal pero mucho más estable, al menos permanecías unos meses en el mismo centro.
Pregunta a tu auditorio más joven si se creían que esto se ha inventado ahora, expresamente para ellos. Ingenuos...
En fin, los ánimos se iban caldeando. Nuestros antiguos líderes se habían acostumbrado rápido a firmar las facturas de los restaurantes para que las pagara el Centro y a viajar a costa del contribuyente a congresos y otros eventos. Mientras tanto, nosotros, los curritos, estábamos cada vez más asfixiados por unas políticas agresivas que, para más inri, eran aplicadas por ellos, los antiguos líderes progresistas y sindicalistas enfermeros.

¿Qué sucedió? Lo normal, te lo cuento en un solo párrafo, no te me atragantes: los antiguos líderes profesionales y sindicales se convirtieron en la bicha, alguno de ellos, y esto es rigurosamente cierto –pasó en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, entonces "1 de Octubre" (para conmemorar el "Día de la Exaltación del Caudillo a la Jefatura del Estado")–, tuvo que salir por la ventana de su despacho (afortunadamente, en una planta baja) perseguido por decenas de enfermeras que querían cortarle... la salida (y algunos algo más, creo).





lunes, 8 de septiembre de 2014

Un sistema pervertido y pervertidor

Leía ayer mismo en una conocida red social un escrito en el cual se denuncian ciertas situaciones (sobre la cuales existe, grosso modo, confirmación de que son básicamente ciertas) en el funcionamiento de las bolsas de trabajo y la gestión de la contratación del empleo temporal en los servicios de salud. En este caso concreto, se trata de Andalucía, o sea del SAS, pero hay denuncias tan abundantes en las redes sociales que son suficientes para pensar que se trata de un proceso de degradación de las políticas públicas generalizado en todos los servicios de salud; tal vez en unos más que en otros, pero realmente no lo sé.