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martes, 5 de julio de 2016

Prescripción enfermera por Javier Rey


Hoy les voy a recomendar que dediquen media hora de su escaso y valioso tiempo a leer un texto de Javier Rey sobre prescripción enfermera, publicado hace solo unos días en el imprescindible blog "No gracias". Se titula "Las políticas sobre personal sanitario de todos los partidos, en el espejo de la “prescripción enfermera” y pueden acceder pinchando aquí (abre nueva ventana) o más sencillamente sobre la imagen.

jueves, 23 de junio de 2016

Más que ciencia

Hace unos seis años que realicé mi primera aproximación, digamos holística, al estudio de la Enfermería como profesión. Aunque había escrito y publicado cosas antes, fue con motivo del encargo de lo que acabaría siendo mi best-seller: "La enfermería frente al espejo: mitos y realidades", cuando pude dedicar algo de tiempo y dedicación para realizar algo así como un diagnóstico de situación (ya ve usted, hasta algunos de letras reivindicamos nuestra propia competencia diagnóstica).

jueves, 28 de enero de 2016

Enfermería: Profesión, profesionales, profesionalismo

El pasado día 26 de enero tuve el inmenso placer de compartir jornada en el Centro Hospitalario Padre Menni de Santander con casi 300 profesionales de enfermería (para que luego digan del pasotismo de la profesión), además de aprender mucho de un par de experiencias en el mundo real, dirigidas por líderes motivados y competentes, que haberlos, haylos. Fue en las I Jornadas sobre Buenas Prácticas en Enfermería, organizadas por Marian Carbajo (@MarianCarbajo), directora de enfermería del Centro, y su formidable equipo. Quedé francamente agradecido por la invitación, la experiencia y el magnífico trato.

viernes, 15 de enero de 2016

Cuarteto 954: (3) Yo pregunto a los presentes


Esta es la tercera entrada de una serie de 4 (en realidad, cuatro y media).
Las tres primeras (en realidad, dos y media) están aquí:


En las dos y media entradas anteriores (Cuando despertaron, Mundo de cosas y Fallen, que por cierto aclaro para quienes no entendieron el título que no se trata de una declinación del verbo fallar sino el nombre genérico dado a Azazel, el ángel caído, transmutado en demonio; ¿lo cogen ahora?) he tratado de contextualizar y dar mi versión/visión/opinión sobre el infaustamente famoso Real Decreto 945/2015.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

#EnfermeríaOpina


Bienvenida/o al lanzador de la Encuesta sobre Prescripción Enfermera: 

Le recomiento que busque el mejor momento del día para acceder al cuestionario  y rellenar la encuesta tranquilamente, con sosiego y reflexión (deberá cumplimentarlo del tirón).


 Para acceder a la encuesta pinche sobre la imagen o capture con su dispositivo móvil el código QR de la derecha: 


Sólo podrá rellenarse la encuesta una vez desde el mismo dispositivo

Y si queda satisfecha/o con el ejercicio,
comparta por favor estos enlaces
"por tierra (twitter), mar (facebook) y aire (whatsapp)".


¡Muchas gracias!

 

lunes, 30 de noviembre de 2015

#EnfermeríaOpina: Encuesta sobre #PrescripciónEnfermera

¡LA ENCUESTA YA ESTÁ ABIERTA!
PUEDE ACCEDER PINCHANDO EN LA IMAGEN O CAPTURANDO EL CÓDIGO QR CON SU DISPOSITIVO MÓVIL:

 

No es la primera vez que me dirijo a las enfermeras y enfermeros españoles solicitando su colaboración en una encuesta independiente que "solo" persigue conocer de verdad, sin intermediarios y libre de conflictos de intereses, la realidad de un colectivo profesional tan importante.

sábado, 25 de julio de 2015

Lectura de verano: historia de una enfermera (XII)

Capítulo VI
Happyflowers



Yo no sé si alguna de las enfermeras, o de los alumnos a quienes eventualmente pudieras transmitir algunas de estas notas, me entenderá cuando te digo que aquella fue la época de mi vida profesional más plena. Fue cuando realmente entendí de una manera natural, sin necesidad de pesados pedantes que me lo recuerden cada dos por tres, el necesario equilibrio que tenemos que conseguir alcanzar las enfermeras entre la maestría técnica o científica y la humana o relacional. Y que si en estos escenarios por donde pasean de la mano la vida y la muerte, el dolor y el alivio, el llanto y la sonrisa, no te sale del corazón mirar a los ojos o apretar una mano... pues es algo que no cuesta tanto aprender como parte de tu trabajo, algo que tiene en sí poder terapéutico y sentido profesional.
Aquella gente, personas en una situación de extremada dependencia, siempre con miedos, angustias y padecimientos, difícilmente dejarán de despertar empatía y hasta, si no te suena demasiado... maternalista (creíste que iba a caer...), compasión. Aunque no te creas, también compartí sala con enfermeras, digamos, mas light: las happyflowers de labios pintados y peinado perfecto que leen el ¡Hola! y pasan de todo, también existen en las salas de hemodiálisis. Pero en general las enfermeras que conocí se sobreponían cada día al cansancio y la tensión porque entendían perfectamente el sentido de su quehacer profesional, algo que al lado del cansancio también dejaba un intenso sentimiento de satisfacción humana.

Ya sé que soy muy pesada (el "monotema de Aurora"...), pero cuando oigas a alguien repitiendo machaconamente que esta es una profesión vocacional, que o naces para ello o simplemente olvídate y dedícate a otra cosa, háblales en mi nombre de tantas enfermeras (y enfermeros) que recalaron en las escuelas de Enfermería porque no obtuvieron la nota de corte para estudiar Medicina; o porque ellos y sus padres no podían permitirse pagar una carrera de cinco o seis años; o porque, como en mi caso, estudiar lo que más les apetecía implicaba tener que alejarse de sus familias, amigos, ciudad, además de ocasionar unos gastos que requerirían privaciones familiares; y cuéntales cómo con esfuerzo y dedicación acabaron por entender y encarnar el sentido real de esta profesión, su magia y su poder, todo lo que la humanidad y las personas perderían sin ella. Y fueron excelentes enfermeras, de esas que a sus pacientes más cercanos les cuesta olvidar.

[Próxima entrega: el cuerpo sufriente (1)]


jueves, 23 de julio de 2015

Lectura de verano: historia de una enfermera (X)

Capítulo V
El corazón de la enfermería (2)


(...) Pasa visita el médico. Tienes que estar al loro y revisar nuevamente todo lo que haya escrito en la pauta de diálisis para hacer los cambios, tanto en la programación de la máquina como en su medicación. Le explicas al paciente lo que proceda. O a la familia, que teniendo en cuenta que una gran parte son ancianos que no se enteran de nada... esa es otra tarea. Entre todo esto, hablas con tus pacientes: si su hija ha hecho tal, si su marido cual, si la fístula va bien... Intentas hacer un poco de educación sanitaria en lo que respecta a su enfermedad. O simplemente le dedicas un poco de tu escasísimo tiempo. Si ves algo raro, intentas hablar con la familia, o con el trabajador social. Cada vez que pasas por su lado, le llamas por su nombre para comprobar que "sigue en este mundo".

Va pasando la sesión y los pacientes van languideciendo como lechuguillas... Entran (si se puede decir así y con todo mi respeto) tersos y despejados y la máquina les va chupando la vida (aunque sea la que les permite seguir en ella). Están más ojerosos, cansados. Sus caras y su ánimo lo reflejan fielmente. Y las máquinas siguen pitando... Tú sigues rellenando gráficas... Se va acercando la hora de la desconexión, preparas nuevamente el material necesario para volver a montar la máquina, ya que al desconectar al que la ocupa se vuelve a conectar a otro. La sala no para hasta las diez de la noche, si todo va bien (si va mal, sufrirá las consecuencias la enfermera del pool que tendrá que dializar al que quede).

Como has conectado a todos los pacientes a la vez, pues matemáticamente te salen todos a la vez. Así que nuevamente empiezan las carreras... fin de tratamiento, comienza la desconexión, las diabólicas máquinas comienzan nuevamente a pitar. Retornas al paciente con sumo cuidado (no te lo vayas a cargar ahora que lo has dejado seco y relimpio por dentro), le pones la medicación intravenosa pautada y sellas su catéter o desconectas su fístula. Si tienes tiempo le acompañas al peso y comentas como ha ido la sesión. Y hasta pasado mañana...

Inmediatamente comienza la preparación de la sala para los nuevos pacientes que ya están esperando fuera para entrar. Vuelves a montar la máquina, a purgar, a comprobar, a preparar... y entran tus siguientes pacientes... y vuelta a empezar... así hasta que llega el relevo. La enfermera que te da el relevo llega a las tres, le cuentas lo que hay, cómo ha empezado la sesión el paciente al que dejas y si hay cambios... y te vas a tu casa.


[Próximo capítulo: "El corazón de la Enfermería (3)"]


miércoles, 22 de julio de 2015

Relato de verano: historia de una enfermera (IX)

Capítulo V
El corazón de la enfermería (1)

Ya te he puesto un poco en contexto aquellos años, no porque no los conozcas bien (entonces andabas todavía trabajando en la Sanidad Pública según cuentas en tu CV), sino porque me sirve a mí para recuperar sensaciones, colores y sentimientos. Te dije antes de manera bastante enfática que yo aprendí a ser, y me descubrí como, verdadera enfermera, en una unidad de hemodiálisis. Puede que te decepcione; estas unidades están altamente tecnificadas, medicalizadas y llenas de aparatos, sensores y calibres que, como verás, acaban mandando sobre ti, igual no son tan enfermeras como las de atención primaria con toda su libertad... Si me dejas, te lo cuento con bastante detalle porque para alguien que no es sanitario debe ser difícil hacerse una idea de lo que pasa dentro de esas paredes:
Llegas a la unidad media hora antes de las ocho de la mañana (que es cuando en realidad empieza el turno que te pagan), arrancas los tanques de agua, enciendes todos los riñones artificiales y comienzas a montar los circuitos de los puestos que tienes que llevar esa mañana. Las normas dicen que debes llevar cuatro pacientes, máximo, a la vez. Preparas esas cuatro máquinas, comprobando todos los sistemas de seguridad que tienen y asegurándote que está todo correcto. Empiezas a sudar... alguna de las diabólicas máquinas no quiere pasar los test... tienes que solucionarlo antes de que empiece la sesión.
A las ocho y cuarto aparecen los pacientes, entran a todas las máquinas de la sala, con lo que se forman los primeros líos. Se pesan, para ver cuánto líquido traen, y se dirigen a sus camas los que pueden andar y a los que no pueden se les lleva en silla o camilla. En la sala todo es rutina, cada uno sabe en qué máquina va. No les gusta demasiado cambiar. Se meten en la cama en camisón o pijama y esperan a que les llegue el turno para la "conexión". Desde su postrada posición saben qué enfermera les toca y dependiendo de si le conectas el primero o el último, les va cambiando la cara.
Te acercas al primer paciente y le haces una pequeña entrevista para conocer qué ha pasado desde la sesión anterior (síntomas, cambios, novedades), calculas lo que tienes que "quitarle" (líquido que debe eliminar la máquina) y junto con la orden médica de diálisis, programas la máquina. Te enfundas en tu traje estéril y comienza la conexión... Primero: ¿funcionará el catéter? o ¿acertarás en los pinchazos de la fístula?. Este es un momento tenso para los dos. Lo más valioso que tiene el paciente, que son conscientísimos de ello, es SU catéter o SU fístula (FAVI). Si todo va bien, conectas las líneas... y se inicia la diálisis. El paciente respira (tú más), se acomoda, se pone la tele o lee o lo que le apetezca. Por delante quedan cuatro horas de toma de constantes y posibles complicaciones: mareos, calambres y sonidos de alarmas de la máquina a la que está conectado. Si has hecho algo mal, la cagas (con perdón). Si programas mal el peso, lo crujes a calambres, o le dejas con líquido (con lo que volverá por urgencias con un edema agudo de pulmón) o acabará patas arriba con una hipotensión (pero de las de verdad, no de las de ¡ay! que me mareo un pelín...). Si la máquina no está bien preparada, directamente te lo cargarás por un embolismo gaseoso.
Si todo ha ido según lo previsto, a la media o tres cuartos de hora tendrás a tus pacientes conectados. Cuatro personas dependen de la atención que tú pongas en lo que estás haciendo. Si se te pasa algo, te los cargas. Esto no es que le pinches el ciático si no calculas bien la mitad del culo... Ya llegamos a las diez de la mañana, nuevamente control de constantes y más vigilancia. Empiezas a rellenar papeleos, analíticas... y empiezan a sonar las máquinas, que si aire en el sistema, que si aumento de la presión, que si no tiene flujo de sangre, que si fulanita ya se marea o menganito tiene calambres (...)

[Próximo capítulo: "El corazón de la Enfermería (2)"]

viernes, 17 de julio de 2015

Lectura de verano: historia de una enfermera (V)

Capítulo 3
La hiperactividad del principiante

[Ver la primera entrega pinchando aquí; la segunda aquí; la tercera aquí; y la cuarta aquí]


Nos quedamos, creo, cuando, en 1987 obtuve, tras unos cuatro años de empleos temporales o interinos, mi plaza fija. Ni quieras que te cuente los destinos por los que pasé en esos cuatro o cinco años, hasta que aterricé en esa bendita Unidad de Hemodiálisis, en la que permanecí desde 1987 hasta 1991, y desde 1989 como supervisora.
Pero no anticipemos acontecimientos, aún quedan unos pocos años de “precariedad”. Curiosamente, en esta corta, que entonces me pareció muy larga, época de contratos temporales encadenados fue donde mi vocación enfermera y mi conciencia profesional se fueron asentando. Ya te dije que al principio, a mí la enfermería, bien pero ni fu ni fa: unos estudios cómodos, un trabajo estable y para toda la vida, unas áreas de trabajo con un fuerte perfil femenino y una profesión en la que estaba todo por crear. Porque, de alguna forma, siempre creí que la Enfermería tenía mucho futuro; no sé muy bien por qué pero así lo creía entonces. Y aún lo sigo creyendo, aunque ahora con menos pasión y más raciocinio.
Pasé por todo tipo de unidades: consultas ambulatorias, radiología, pediatría, intensivos, infecciosos... Estuve meses inyectando contrastes en medicina nuclear y hemodinámica, poniendo yesos en consultas de trauma, pastoreando -hoy se llama triage y se discute si las enfermeras están preparadas para ello, jeje- en urgencias... hasta que recalé en Hemodiálisis. Estuve ahí uno, dos, tres años... y este acabó siendo el lugar en el que mi vocación enfermera afloró de manera definitiva. Para que no te queden dudas, yo me hice enfermera de verdad en hemodiálisis.
Además, todo hay que decirlo, me liberé después de cuatro años de los fastidiosos turnos de noche, aunque no, claro, del trabajo en festivos: la insuficiencia renal no conoce festivos ni moscosos. “Moscosos” que, por cierto, acababan de ser creados por el ministro Javier Moscoso el 21 de diciembre de 1983. Toma Wikipedia...
Pensando ahora en aquellos tiempos, de dónde demonios sacaríamos las enfermeras la absurda, aunque gozosa, idea de que las Direcciones de Enfermería recién creadas iban a ser nuestras aliadas incondicionales frente al poder médico en los hospitales... El Insalud, que era nuestra empresa, estaba tratando de transformar la cultura de los centros y el personal sanitario a través de lo que se llamaba Nuevo Modelo de Gestión. Y no concibieron las direcciones de enfermería como un eslabón en el proceso de emancipación enfermera, sino como un órgano a través del cual vehicular la cadena de mando de manera más eficaz.
Mañana te cuento mi experiencia con nuestra flamante "Directora de Enfermería".




jueves, 16 de julio de 2015

Lecturas de verano: historia de una enfermera (IV)

Capítulo II (3)
Ser enfermera en la España de los ochenta: el lustro de oro

[Ver la primera entrega pinchando aquí, la segunda, aquí y la tercera, aquí]

En la anterior carta te comentaba el enorme avance experimentado por nuestra profesión durante los primeros ochenta. Fíjate:
  • Se había convertido en profesión universitaria, de hecho la mía (1982) fue la segunda promoción de diplomadas universitarias en Enfermería. Además, se posibilitó una homologación bastante asequible del título de ATS por el de DUE a todas las enfermeras que hubieran estudiado con anterioridad. Un sueño apenas unos años antes, que todas las enfermeras españolas fueran universitarias.
  • Se crearon direcciones de enfermería, al mismo nivel que las direcciones médica y de gestión, todas ellas iguales bajo las órdenes de un mismo gerente. Las vetustas Jefas de Enfermeras, a menudo monjas sin apenas formación, habían dado paso a unas relucientes Direcciones de Enfermería. Nos sentimos muy orgullosas aunque, la verdad, a la mayoría de los médicos no les hizo mucha gracia...
  • Se había estructurado la Profesión Enfermera en tres niveles: enfermeras, técnicos especialistas y auxiliares de clínica, lo cual nos permitió a las enfermeras:
  • Por un lado, centrarnos en las tareas de cuidados más cualificadas, dejando a las auxiliares las más “domésticas”.
  • Y por otro, ayudarnos a centrar nuestro trabajo en los cuidados al paciente, asumiendo los técnicos especialistas en laboratorios, rayos, etc. otras funciones que, aunque desempeñadas tradicionalmente por enfermeras (más bien por enfermeros), no eran esencialmente cuidados de enfermería.

  • También sucedió algo muy importante que no se suele mencionar, y es que nos fuimos liberando progresivamente del papel de secretarias del médico en las consultas externas hospitalarias y los ambulatorios, gracias a la aparición del grupo de Auxiliares Administrativos de Instituciones Sanitarias. No dejamos del todo las consultas, pero ya no nos limitábamos a preparar pulcramente las historias clínicas en la mesa del doctor, llamar a los pacientes desde la puerta y rellenar las recetas según las iba ordenando el médico para que él mismo las firmara.
  • Comenzó, además, el desarrollo de la Atención Primaria y eso supuso poco a poco, enlazando con lo anterior, que aparecieron las consultas de enfermería en los centros de salud. Ahora, casi 30 años después, nos parece medio normal, pero entonces fue una verdadera revolución: ¡estaba ‒casi siempre‒ nuestro nombre escrito en la puerta de las consultas y teníamos ‒más o menos‒ nuestros propios pacientes!
  • En 1983, la Ley de Reforma Universitaria pone las bases para terminar con una situación absurda; hasta entonces, la formación básica de las enfermeras quedaba casi por completo en las manos de otras profesiones (vamos, de los médicos sobre todo). La creación de la figura del Profesor Titular de Escuela Universitaria, sin la exigencia previa de un doctorado al que no se podía acceder desde la diplomatura, puebla las escuelas de enfermería de enfermeras en puestos docentes estables y permite introducir pensamientos y discursos, teorías y conceptos, modelos y metodologías propias de nuestra profesión que antes quedaban inevitablemente ausentes. La formación de las futuras enfermeras quedaba, con el auxilio de otras profesiones cuando así se requisiera por los contenidos, como es lógico, en manos de enfermeras.
  • Finalmente, ya en 1987, se aprobó la Ley que creaba unas especialidades enfermeras modernas. Es cierto que ya existían especialidades que se habían ido creando por sucesivas órdenes ministeriales, incluso que las matronas poseían ya una cierta legitimidad histórica, pero hasta entonces las especialidades enfermeras seguían un esquema imitativo médico, típico de ayudantes técnicos especializados del médico. Aquel decreto (con todos los errores que pudo tener, de acuerdo) abría la puerta a la generación de verdaderas enfermeras especialistas. Las expectativas, desde aquel momento, se frustraron, pero ese es un tema del que te hablaré más adelante.
Las élites enfermeras de la época (lo que tú, Juan, sueles llamar las “madres fundadoras”) tenían un inmenso prestigio: en primer lugar, político, ganado a pulso por su gran compromiso con la democracia; pero también intelectual, fruto de sus aportaciones a la construcción de un Sistema Nacional de Salud que echó a andar en 1986, con la Ley General de Sanidad; entonces, no como ahora, eran muchas las enfermeras que, como asesoras y también en puestos ejecutivos, formaban parte de ministerios y consejerías. Y, finalmente, también tenían un gran prestigio profesional, por su fuerte apuesta por una enfermería moderna en un país que recién salía de la boina sanitaria: lideraron de verdad a la enfermería para llegar a ser una voz fundamental, poderosa. Por ello, las enfermeras eran escuchadas y sus líderes, calurosamente recibidos en todos los foros. Otros tiempos, sin duda. Creativos, efervescentes, una verdadera edad de oro de la enfermería española... hasta que, de pronto, empezaron a fallar las cosas.

Ya volveré sobre estos apuntes históricos. Pero déjame que te cuente ahora cómo se había ido desarrollando mi prometedora carrera profesional.







miércoles, 15 de julio de 2015

Lectura de verano: historia de una enfermera (III)

[Ver la primera parte pinchando en este enlace y la segunda, en este otro]

Capítulo II (2)
Ser enfermera en la España de los ochenta: el Colegio.

La Presidenta del Colegio era una persona fascinante, alguien a quien respetábamos y admirábamos; unos diez o doce años mayor que nosotras (o sea mayor), había sido muy conocida en los últimos años del franquismo y primeros del posfranquismo, por protagonizar, junto con algunas otras enfermeras, médicos residentes y otro personal, encierros y asambleas contra las políticas educativa y sanitaria del Gobierno y otras historias más directamente políticas.
A principios de los años 70, esta y otras compañeras decidieron tomar los colegios franquistas y convertirlos en organizaciones al servicio de la lucha por la democracia. Ganaron por una gran mayoría, echaron a muchos de los burócratas que se habían parapetado en el colegio, procedentes del Movimiento y del Sindicato Vertical y empezaron a cambiar algunas cosas importantes.
Esta, que te contaba en la anterior entrega, de las bolsas de empleo públicas y transparentes fue una de ellas, pero también empezaron a hablarnos de una enfermería totalmente distinta de la que me habían hablado en la Escuela, una enfermería, como en otros países europeos, convertida en profesión independiente con conocimientos propios y no como la de nuestra época, meras subordinadas, entre secretarias y auxiliares, del médico, a veces limpiadoras o pinches o simples chachas, incapaces de tener voz propia y de expresar nuestras ideas sobre otras formas mejores de hacer nuestro trabajo y de atender a los pacientes.
En aquellos primeros '80, como he contado antes (ya sé que tú lo sabes mejor que yo, Juan; lo hago por si algún día publicas esto y hay gente joven que quiere tragarse este rollo), había accedido al poder el primer Gobierno socialista. Aquella experiencia fue al principio fantástica en lo profesional, pero no tanto en lo laboral. Lo que unos años después empezaría a denominarse Sistema Nacional de Salud [SNS] había crecido en los últimos 15 años de una manera extraordinaria; no solo la construcción en los '60 y primeros '70 de los grandes hospitales-emblema, como La Paz, La Fe, Virgen del Rocío, Juan Canalejo, Cruces, Bellvitge, Puerta de Hierro... sino también porque se empezaban a abrir hospitales de 300 o 400 camas en muchas pequeñas capitales de provincia donde solo existían vetustas clínicas de la Diputación, el Ayuntamiento, Cruz Roja, la Iglesia Católica... El mío fue uno de ellos.
A partir de entonces, la cosa, como que se desenfrenó para la Enfermería. No sé si hubo una conjunción astral o la lámpara de Florence iluminando conciencias e inteligencias…
O, más simple: dado que la Clase Médica fue un estamento absolutamente cómplice durante los 40 años de franquismo, donde se le permitieron toda clase de corruptelas y corrupciones, y totalmente enfrentado a los intentos regeneradores durante la transición (exceptuando a las nuevas camadas de MIR y adjuntos más jóvenes, estamentos muy alejados -como nos pasa ahora a las enfermeras, qué curioso- de los órganos políticos con capacidad real de negociación de la profesión), fue puesta bajo sospecha por los socialistas: tardó al menos 10 años más en empezar su proceso de regeneración/depuración corporativa (y otros diez más en completarlo), durante los cuales una enfermería emergente, progresista y entusiasta, con ganas de comerse el mundo, sirvió de leal apoyo profesional a los primeros gobiernos socialistas. Que fueron, al menos al principio, agradecidos.
Entonces no nos enteramos mucho, porque los árboles (laborales) de la fuerte crisis económica de los primeros ochenta nos impidieron ver el bosque (profesional) de los años de progreso. Pero lo cierto es que en solo seis o siete años, la situación de la enfermería había dado un enorme vuelco.
Y no menos cierto que el Colegio era entonces, con sus -crecientes- defectos y sus -menguantes- virtudes, una fuerza benigna que nos ayudó enormemente a salir adelante como profesión, una especie de Cúpula bajo la cual refugiarse frente a las tarascadas médicas y las agresiones políticas. 

Luego, todo esto se estropeó. Perdón: lo estropearon, unos por pasiva, otros por activa...

Ya llegaré a eso, Juan, aunque tú conoces bien la historia, sin duda mejor que yo.


[Próxima entrega del Capítulo: "El lustro de oro"]


martes, 14 de julio de 2015

Lectura de verano: historia de una enfermera (II)

[Ver la primera parte pinchando en este enlace]

Capítulo II (1)
Ser enfermera en la España de los ochenta: la 'precariedad' laboral.

Los ochenta fueron los años de oro de la Enfermería española; con sus luces y sus sombras, sin duda, pero muchas más de aquellas que de estas.
En esta carta te hablaré del apasionante contexto político del momento. Iba a decir “tal como lo viví”, pero no; cierto es que lo presencié, pero yo era demasiado joven para tener perspectiva y solo de adulta he sido capaz de comprender el enorme salto adelante que vivía la profesión mientras yo me afanaba en hacerme mayor en lo personal y lo profesional y no perecer en el intento. Es decir, para "vivirlo", desde una perspectiva experiencial (perdón por el palabro).
Vayamos por partes. Entré, como ya te dije, en el año 1979 en la Escuela de Enfermería, donde me diplomé tres años después, aunque una primera y desafortunada relación con un chico egoísta e inmaduro me hizo perder el sentido de la realidad y por poco si abandono los estudios. Afortunadamente conseguí reconducir las cosas y, aunque en septiembre y por los pelos, terminé la Carrera en 1982. Y, naturalmente, corrí a colegiarme y a apuntarme en la Bolsa de Empleo.
Las Bolsas de Empleo para enfermeras, y creo que también para los médicos, las llevaban entonces los colegios. Era un tema muy importante porque en aquella época aún se conseguía la plaza fija en enfermería al cabo de unos pocos años gracias a los 0,35 puntos que te daban por cada mes completo trabajado y a puntos adicionales que conseguías yendo a cursos, que generalmente organizaba el propio colegio o los hospitales del Insalud (pronunciado Insálud, vaya usted a saber por qué), publicando artículos, etc. O sea, ibas acumulando puntos y cada equis tiempo (una vez al año, creo recordar, o igual era todos los meses, ya me falla la memoria) se ofertaban plazas "en propiedad" (¡qué certero es a veces el lenguaje!) y se cubrían, sin oposición ni más zarandajas, mediante el Concurso Abierto y Permanente (CAP), siendo adjudicadas a quienes en ese momento tenían las mayores puntuaciones. Simplemente enlazando contrato temporal tras contrato temporal, ya que en aquella época no había paro o era anecdótico, obtenías acceso a una interinidad, de la cual salías hacia la plaza fija cuando tu puntuación era ya la necesaria para obtener vacante en el CAP.
Trabajo casi permanente, aunque temporal, con 22 o 23 años y plaza fija de por vida con 26 o 27 años sin tener siquiera que preparar oposiciones: igualito que ahora, ¿no? Pues que sepas que entonces nos quejábamos un montón de la precariedad... ¡qué cosas!
En mi caso, obtuve la plaza fija en 1987, con 26 años recién cumplidos.



[Próxima entrega: "El Colegio"]

lunes, 13 de julio de 2015

Lectura de verano: historia de una enfermera (I)

Primera parte: Aurora se presenta.

Hola, Juan. Te mando estas notas en respuesta a la solicitud de testimonios de enfermeras que hiciste en tu blog; ya sé que pediste testimonios cortos, pero empecé a escribir y no supe cómo acabar, al empezar abrí una especie de caja de Pandora y simplemente seguí y seguí y seguí escribiendo... hasta completar todas estas excesivas páginas. Haz con ellas lo que mejor te parezca, para mí ha sido balsámico escribir esta especie de autobiografía y testimonio de toda una época.
Me llamo Aurora. Nací en 1961 en una pequeña capital de provincia de la España de interior. Familia de clase media de las de la época (o sea, mucho trabajo, pocos caprichos), vivíamos exclusivamente de los ingresos de mi padre, oficinista pluriempleado. Mi madre era ama de casa, aunque antes de casarse opositó y saco una plaza de administrativo en la Caja de Ahorros, trabajo que abandonó cuando se quedó embarazada de mi hermana mayor.
Soy la pequeña de tres hermanas. La mayor estudió hasta el bachillerato elemental (como la ESO de ahora, más o menos) y es funcionaria de Hacienda; la del medio acabó su bachillerato superior y ahora es, con 57 años, prejubilada de la Caja de Ahorros. Yo, que siempre fui mejor estudiante que ellas, decidí con el apoyo de mis padres estudiar una carrera universitaria. Corría el año 1979 y enfermería parecía una elección óptima; acababa de ser convertida en titulación universitaria, era una carrera corta, de tres años, y podía estudiarla sin abandonar mi ciudad porque el hospital de la Seguridad Social, abierto apenas cinco años antes, albergaba una estupenda Escuela de Enfermería.
¿Vocación? No, rotundamente, no. Si hubiera seguido mi vocación, habría estudiado alguna ingeniería o Arquitectura, Económicas incluso, aunque en aquella época eran aún pocas las mujeres que hacían carreras de grado superior, si quitas Filosofía y Letras, Veterinaria o Derecho... Pero no quería tener que marcharme de mi ciudad y las únicas posibilidades entonces eran Enfermería o Magisterio y, sinceramente, la docencia no era lo mío; quizás por la pésima opinión que me formé de las mías propias, las maestras me parecían personas adocenadas y aburridas y yo quería algo más de vida e ilusión en mi futura vida profesional.
Mirado ahora con perspectiva, aunque cobarde –estaba demasiado enmadrada, lo reconozco–, no fue una mala decisión. Me gusta la enfermería, me gusta ayudar a la gente, me gusta estudiar y compartir y ahora que, ya ves tú, dedico algo de mi tiempo a la docencia como Profesora Asociada en el Departamento de Enfermería, he desarrollado cariño por los alumnos y respeto por la ocupación. Y por la palabra Maestro.
Como suelo decir, mi vocación enfermera fue sobrevenida. Cuando oigo decir que lo más importante para decidirse a estudiar Enfermería es hacerlo impulsado por una fuerte vocación (más o menos, una llamada) no puedo menos que sonreír: entre los cientos de enfermeras, especialmente entre las decenas con las que he podido tener conversaciones más pausadas sobre la profesión, diría que al menos dos tercios ingresaron en las escuelas fundamentalmente por razones bastante más pragmáticas. Quizás hoy, con las pésimas perspectivas laborales de salida que aguardan a las muchachas y muchachos que se animan a entrar en las flamantes facultades, sea más cierto: hay que tener valor y decisión, impulsadas quizás por una gran ilusión. Pero no en mi época, de la que te hablo enseguida.



miércoles, 27 de mayo de 2015

"Peleícas"

Ayer me encontré con un artículo publicado en el periódico estadounidense NYT bajo el título
Doctoring, Without the Doctor (un juego de palabras que en realidad es algo así como "pasando consulta sin ser médico") en el cual una persona del prestigio de Uwe E. Reinhardt decía (entrecomillado) lo que pueden leer aquí a la izquierda (la imagen está sacada del blog de salud del periódico). Traducción libre:
Los médicos estan peleando una batalla que tienen perdida. Las enfermeras son como guerrilleros. A veces son derrotadas pero a largo plazo ganarán la batalla. Tienen la economía y el sentido común de su lado.

martes, 12 de mayo de 2015

En el Día de la Enfermería: ¿ser muchos o ser importantes?

Siempre me ha gustado, aunque a veces no me ha sido posible, preparar una entrada con ocasión del Día Internacional de la Enfermería. Normalmente, entre tanto aleteo satisfecho  ‒y plenamente justificado, sobre todo cuando se celebra el aniversario de la abeja reina‒ del enjambre, trato de introducir algunas dosis de pensamiento crítico que, sin llegar a ser maleducadas (no deja de ser como ir de invitado al cumpleaños de un viejo y querido amigo: no vas a escupir en el ponche), sí introduzcan algún elemento de reflexión para los siguientes 364 días (365 en este caso, ya que 2016 es bisiesto). Ante todo, ¡feliz día! (si os dejan).

Este año, la actualidad y ese gran aporte de azar que introducen las redes sociales han propiciado una reflexión sobre la importancia de lo cualitativo y lo cuantitativo en el futuro de la profesión de enfermería. Ah, y sobre la evolución de las especies y ese pájaro tan feo que véis aquí arriba, llamado Dodo, que se extinguió porque, al haber perdido la necesidad de volar fuera de su zona de confort, se le atrofiaron las alas. Y cuando su ecosistema se volvió hostil y quiso volar hacia otro más seguro... simplemente ya no pudo.

1. Estando preparando esta entrada, alguien volvió a enlazar en twitter una antigua entrada de Fernando Campaña (@ferenfer) en su blog Nuestra Enfermería, titulada Cuento de Sanidad; en concreto, la segunda parte, porque hay una primera. Recuerdo haber leído en su momento la entrada y supongo que las obligaciones del momento me impidieron una reflexión escrita sobre lo leído. Fernando realiza una creativa adaptación de Un Cuento de Navidad, de Charles Dickens, haciendo que la enfermería se enfrente a los fantasmas del (paciente del) pasado, del presente y del futuro. Fue precisamente este último fantasma del futuro el que me proporciona hoy esta primera cita (las negritas son añadidas por mí):
De nuevo en el viejo pasillo medio en penumbras pero queriendo ser iluminado por el día, y mientras la enfermería se dispone a finalizar sus tareas y terminar, vuelve a sentir un escalofrío. Se le aparece un nuevo espectro, montado esta vez en una flamante camilla y dispuesto a ser intervenido. El espectro la mira y le dice… debes de ser tú. A lo que la enfermería responde ¿su enfermera? El espectro suelta una carcajada, y mirándola le dice ¿mi qué? Por favor, ya no existe eso en mi tiempo. Pero si, me refería a quién debía visitar.
La enfermería que había estado boquiabierta durante la noche, viendo pasar espectros, esta vez si que entra al trapo y contesta, Un momento por favor, puedo reconocer mi pasividad a veces y mis acciones pasadas pero, permítame que dude que esta disciplina desaparezca en un futuro. La enfermería es insustituible, soy insustituible.
El espectro comienza a reír de nuevo, y le pregunta a la Enfermería, ¿Eso crees? Los pacientes hubo un tiempo que necesitábamos ser conducidos y llevados por sanitarios a todas partes, siendo tratados como niños, de repente nos encontramos con unos profesionales que no solo no nos hacían el caso preciso, si no que de buenas a primeras querían que fuéramos autosuficientes, pero sin explicarnos y sin convertirse en nuestros ángeles o guías, por lo que aprendimos solos, por nuestros propios medios a movernos en el sistema. Querías que nos empoderáramos mientras no nos enseñabas. Estabas muy preocupada en fijarte y equipararte a otras disciplinas, sin dibujar una senda propia, y te quedaste en nada, de esta manera otros han cogido a partes tu “rol autónomo”, y lo han desmembrado y asimilado. Cuándo te convertiste en lazarillo de técnicas, fuiste técnica, cuando te dijeron haz, hiciste y fuiste ejecutora, obedeciste, y entraste en una senda que no era tu camino. Y nosotros ante tu pasividad y desamparo crecimos y nos hicimos autosuficientes, pero no gracias a ti, que comenzaste a ser prescindible por un motivo u otro. En su día debiste aportar, crear y ser líder y guía del cuidado, pero te dejaste llevar y sin luchar. Por eso señorita, me voy a operar, y luego me cuidaré, despreocupese que ya no la necesitamos y no la conocemos, dice con su voz espectral mientras se desvanece por el pasillo.
Lo que trata de exponer Fernando  ‒o al menos lo que yo he entendido, porque es esperable alguna moraleja en una fábula‒  es que la enfermería (en realidad su referente es solo la enfermería hospitalaria) pierde su alma tratando de imitar a otras profesiones (los médicos, ¿quién si no?) y cuando lo hace sus funciones son "cogidas a partes por otros", por lo que acaba desapareciendo. Ya no existe. Kaput. Punto final. Es un dodo.


2. Mi apreciado Enrique Castro (@castrocloud) publica un tuit en el que enlaza un breve editorial de la revista Journal of Nursing Management, bajo el título "Las enfermeras no tenemos derechos de propiedad sobre los cuidados: pero sí sobre los modelos de práctica clínica" [Nurses do not have proprietary rights on caring: but we do on clinical practice models]. Breve, pero con enjundia (y, por cierto, no sé si será por su australianidad, con una redacción deficiente e irritante, sobre todo cuando tratas de traducirlo.)

En el editorial se plantea un escenario de futuro que resultará sin duda inquietante para muchas enfermeras, especialmente para un subtipo muy característico cuyo lema es "si la realidad no me gusta, que le j**** a la realidad". Aquí tienen la traducción casi completa (o, más bien, una adaptación a nuestra realidad cultural que he tratado de hacer sin traicionar el fondo y el espíritu de las ideas contenidas en el texto):
Se está intensificando en todo el mundo una 'tormenta perfecta' que supone nuevas exigencias y retos para la enfermería, pero al tiempo, también, oportunidades excepcionales. El creciente número de personas con enfermedades crónicas y complejas y los recortes presupuestarios suponen todo un reto para los recursos humanos sanitarios y una amenaza para las demandas crecientes de una cobertura universal de la atención sanitaria. Son factores que desafían los modelos y paradigmas de cuidados existentes y que exigen soluciones innovadoras.
Paradójicamente, nunca antes habíamos tenido enfermeras tan bien formadas y con competencias tan bien alineadas con la demanda de cuidados basados en evidencias y centrados en las personas. Estamos, como profesión, a la altura de estos desafíos y por fin ha llegado nuestro momento de demostrarlo.
En décadas pasadas, la enfermería y sus roles eran mucho más homogéneos y predecibles. La mayoría de las enfermeras fueron educadas en el ámbito hospitalario y su papel era mucho más previsible y controlable.
La atención médica era proporcionada principalmente en los hospitales y los médicos determinaban en buena medida el alcance de la práctica de las enfermeras. Sin embargo los tiempos han cambiado, las enfermeras son ahora un personal, no solo con alta cualificación sino también con una mejor formación académica, y hacen su trabajo en una gran variedad de entornos, desde la cabecera del paciente hasta las salas de juntas. Y además siguen desarrollando y perfeccionando formas innovadoras de prestación de cuidados y de mejora de los resultados de los pacientes.
También está cambiando el propio papel de los pacientes en la asistencia sanitaria. De manera creciente, los pacientes y sus familias prestan cuidados como colaboradores y no como meros receptores de los mismos. Es fundamental destacar la importancia de los cuidadores informales, que se están convirtiendo en un factor crítico en la atención a las personas que, cada vez en mayor número, requieren cuidados permanentes en la comunidad.
Este escenario cambiante requiere nuevas capacidades: asesoramiento en lugar de educación didáctica; decisiones compartidas en lugar de planificación prescriptiva; y modelos de prestación de cuidados adaptados y dirigidos a objetivos, en lugar de limitarnos a esperar que los pacientes respeten y se adapten a nuestras formas tradicionales de trabajo. Para dar respuesta a estos desafíos, se han hecho llamamientos en todos los países desarrollados para que aumente el número de enfermeras con formación universitaria avanzada, plenamente capacitadas para dirigir y coordinar modelos de cuidados cada vez más complejos (...)
Asistimos también a una heterogeneidad creciente en la oferta de personal de enfermería, tanto en lo que respecta a los propios modelos de servicio como a los niveles ocupacionales en que se estructura, incluyendo al personal técnico y auxiliar (...) La tendencia a una mayor diversificación y heterogeneidad en los recursos humanos de salud es un fenómeno global (...) Ello ha generado un mayor nivel de discusión y debate sobre la supervivencia de la enfermería como profesión con competencias reguladas, al tiempo que pugnas territoriales en el campo de la asistencia sanitaria.
De manera similar a como las enfermeras han ido adquiriendo tareas y competencias anteriormente atribuidas en exclusiva a los médicos, tendremos que ir aflojando las riendas de nuestro rígido control de los 'derechos de propiedad' sobre los cuidados. Tendremos que ser abiertos y receptivos a la posibilidad de compartir nuestro terreno con una nómina diversificada y heterogénea de trabajadores sanitarios, así como con los cuidadores informales. Muchas de esas personas poseen los conocimientos, habilidades y capacidades necesarias para cuidar al creciente número de personas que necesitan cuidados de salud. Tenemos que dar la bienvenida a nuestros nuevos colaboradores.
En la misma medida que los cambios en el entorno de los servicios de salud se vayan intensificando y la estructura de las ocupaciones sanitarias se siga diversificando, tendremos que ser capaces de ir acomodándonos a estos cambios, estar dispuestos para negociar y saber trabajar para conseguir una asistencia sanitaria que sea equitativa y accesible.
Pero en este nuevo escenario no podemos ni debemos abandonar nuestro importante rol en el entorno de la práctica clínica. La sociedad nos mira buscando un nuevo liderazgo y no podemos menospreciar nuestro importante papel en el mantenimiento de los estándares clínicos.
Ello requerirá nuevas maneras de trabajar; y colaboración y compromiso con nuestras comunidades. El énfasis de muchas instituciones académicas y clínicas en el desarrollo de programas formativos y de práctica clínica interprofesionales es un paso muy importante para poder valorar la dimensión de la aportación de cada uno de nosotros en este terreno compartido. Sin embargo, esos modelos se centran únicamente en las profesiones sanitarias y nosotros deberíamos mirar más allá, a la creciente heterogeneidad de los recursos humanos sanitarios.
Este aumento en la diversificación de las estructuras de personal de salud producirá una serie de reacciones, del entusiasmo al desprecio. En vez de rechazar las nuevas ocupaciones, deberíamos mirar la manera en que podríamos apoyarlas y ayudarles en su desarrollo, aceptándolas como miembros del equipo de cuidados e identificar estándares para unas prácticas éticas, basadas en evidencias, que promuevan la seguridad y calidad de los cuidados que prestan. Ello exige enfermeras que sean líderes cualificados, expertos clínicos y científicos capaces de dar forma a modelos de cuidados que sirvan para satisfacer las demandas de los pacientes y sus familias, no las de los propios profesionales sanitarios. Desarrollar y evaluar modelos de prestación de cuidados innovadores que incluyan un elenco más amplio de profesionales de la salud es esencial para enfrentar los retos de los servicios de salud actuales. Las enfermeras deben estar a la altura de este importante desafío para asegurarnos de que mantenemos nuestro papel fundamental en la promoción de estándares clínicos y la salvaguarda de la calidad de la asistencia.
En definitiva, lo que proponen los editorialistas es otra forma de visualizar el futuro, menos complaciente y ciega, más proactiva y darwinista. Naturalmente, se basa en una deducción de las tendencias de futuro basadas en el análisis de la evolución histórica hasta el presente, una deducción que puede estar equivocada o ser exagerada... pero no menos que la visión del espectro del futuro de Fernando Campaña. Ambas miran a un mismo escenario futuro, pero lo sintetizan de manera antitética: donde el pesimismo ontológico de Campaña adivina la extinción de la enfermería como tal, el optimismo darwinista de Davidson y Du imagina su renacimiento bajo un nuevo paradigma enfermero más orientado a la dimensión clínica de los cuidados.


3.  Cada año, tan predecible como cansino, comparece ante los medios el presidente del Consejo General de Enfermería para anunciar en términos cuasi-apocalípticos que en España deberíamos tener en torno a un 30%-40% más de enfermeras "para llegar a la media europea"... ¡en un país donde muchos miles de enfermeras están condenadas a la emigración, al desempleo y a la precariedad laboral!

Para no abrumar con datos que ponen a prueba esta gran simplificación y mistificación, ayer mismo publiqué en el blog una entrada (a ella remito a quienes después de leer esta entrada continúen teniendo dudas) con una aproximación numérico-estadística de esta gran boutade.

Lo que en este día tan señalado me pregunto públicamente es el sentido real y la oportunidad de este mantra, dado que es ampliamente replicado en los medios de comunicación locales y sectoriales y en las redes sociales del ramo. Los colegios territoriales, sean oficialistas u opositores, y los sindicatos, sean profesionales o de clase, porque en esto curiosamente todos cierran filas, salen a los medios como locos para reivindicar los miles de enfermeras/os que les faltan. Y los titulares de prensa se retuitean y comparten acríticamente, sin pensamiento lógico detrás. Y yo no entiendo muy bien lo que subyace detrás de esta vía argumental tan asumida por (casi) todos.

¿Es una queja?

Y si es una queja, ¿qué se espera o exige que hagan los poderes públicos (no en los mundos de yupi, sino en la vida adulta real)? Fabricar, en vez de 10.000 enfermeras al año, 20.000, para ponernos al día con la media europea en seis o siete años, eso sí, con 50.000 enfermeras en el paro?

¿Nos quejamos... porque queremos ser más (aun siendo ya los más numerosos)?

Conociendo, me atrevo a decir que bastante bien (perdón por la inmodestia), la sociología de esta querida profesión, no creo que el tamaño sea importante: la enfermería no se va a movilizar más porque sean 400.000 los profesionales, en lugar de 240.000 (que es lo que parecen propugnar González y sus variopintos amplificadores). De hecho, y perdón por la visión un tanto pesimista, en ese escenario serían más probables las guerras civiles que las de liberación nacional...

¿O es simplemente la manifestación de un estado de ánimo victimista?

Yo diría que sí. Y añadiría, si se me permite, con un puntito masoquista poco sano: "¿ves? pintamos tan poco que estamos en la cola de Europa también en esto, maldita profesión". Y punto. Sin entender que también se está a la cabeza en muchas otras cosas, exactamente en aquellas en las que la representación política de la profesión (que es, desgraciadamente, la única que parece capaz de generar titulares en la prensa nacional) no ha tenido nada, o muy poco, que ver. En las que están en la base de la satisfacción intrínseca: preparación, competencia, aportaciones, valoración de los pacientes, satisfacción del trabajo bien hecho, humanización, crecimiento académico e investigador...

Sin embargo, en vez de exigir sus responsabilidades a quienes más la tienen en los aspectos extrínsecos (para qué voy a abundar en temas como especialidades, prescripción, desemprecariedad, ratios de personal, gestión clínica...), empezando por quienes llevan ¡casi 30 años! al frente de la representación corporativa profesional pero se presentan como víctimas y no como los cómplices objetivos que son, lo que se hace muchas veces es servir como altavoces de la inoperancia, la desfachatez y la corrupción institucional.

Yendo a lo esencial: ¿De verdad el tamaño importa? ¿Por qué, y sobre todo para qué, es importante ser muchos? Probablemente sea mucho mejor ser importantes. Saber ser líderes de la dimensión clínica de los cuidados, antes que chica para todo.

Voy a escribir algo de lo que estoy (casi) seguro de que dentro de 15 o 20 años no tendré que arrepentirme: la enfermería de los países desarrollados, debido sobre todo al hecho innegable de que en la mayoría de ellos la gente joven no quiere estudiar la carrera de enfermería, está condenada a reproducir el modelo español: unas dotaciones mucho más reducidas de enfermeras con formación universitaria avanzada y un catálogo variopinto de ocupaciones-satélite que vayan asumiendo tareas y funciones que hoy en día son de las enfermeras tituladas.

Lo digo en serio: el modelo español de enfermería es la vanguardia en esto.

Y los tontolaba del Consejo General de Enfermería no solo no lo entienden sino que todo por lo que suspiran es por ser como los "ricos del norte".

Ahora bien, también hay asignaturas pendientes, que se derivan de un paradigma sanitario obsoleto, basado en dos puntales: médicos y hospitales. Por eso, aún existe un gran potencial de crecimiento en la atención comunitaria, la asistencia primaria y los cuidados sociosanitarios. Pero para poder aprovechar este potencial hacen falta nuevos liderazgos enfermeros: cultos, comprometidos, honrados, visionarios, basados en un profesionalismo enfermero renovado, negociadores... vaya, cojan lo que hay ahora, denle un giro de 180º (y un buen programa de lavado) y tendrán exactamente lo que necesitan.



4. ¿Se extinguirá la enfermería? ¿Le sucederá lo que al dodo, un ave no domesticada que no pudo evolucionar en un ecosistema insular (Isla Mauricio) muy cerrado, complaciente y seguro que le llevó, aun siendo un pájaro, a olvidarse de que sabía volar, con lo cual no pudo buscar un nuevo ecosistema cuando el heredado, al que creía propio, se volvió hostil?

¿O recordará que no es  ‒no debería ser‒  un ave domesticada, que aún conserva  ‒debería conservar‒  sus alas (y no de ángel, que esas solo funcionan en el pensamiento mágico) y que es capaz  ‒debería ser capaz‒  de volar hacia un mundo mejor para todos, empezando por ella misma? Igual no es como a muchas y muchos les gustaría, ese ideal puro, alma mística sin carne mortal, pero la gente siempre la necesitará; así que tendrá que evolucionar. Para que no tengamos que decir kaput, punto final, en realidad... era un dodo y no se acordó de que sabía volar.

Feliz día y perdón por la murga.


martes, 13 de mayo de 2014

Encuesta 'Realidad Laboral de las Enfermeras Españolas'

SI USTED YA CONOCE EL PROPÓSITO DE LA ENCUESTA Y CONFÍA EN EL ENLACE QUE LE HA TRAÍDO HASTA AQUÍ, PUEDE ACCEDER AL CUESTIONARIO DIRECTAMENTE SIN TENER QUE LEERSE EL POST DEL BLOG PINCHANDO AQUÍ. SI NECESITA MÁS INFORMACIÓN, POR FAVOR, SIGA LEYENDO. GRACIAS, EN CUALQUIER CASO.


Ayer anuncié en mi entrada de celebración del Día Internacional de la Enfermería que hoy pediría la ayuda de todas las enfermeras de nuestro país para realizar un estudio sobre su realidad laboral. Y hoy, como prometí, me explico algo mejor.