lunes, 1 de agosto de 2016

Lectura de verano: Historia de una enfermera (XXV)

Noticias de Aurora

Hola de nuevo, Juan. Como quedamos, te voy mandando estas notas, pequeñas o largas según me pida el cuerpo y me dé la vida, para que durante el verano, si te parece bien, las publiques en tu blog. Sé que te da trabajo editarlas porque soy un poco caótica, pero hasta el momento no tengo queja: hasta lo que has censurado te lo he agradecido una vez que lo he leído; y también el trabajo de "corrector de estilo", soy algo torrencial cuando me pongo a escribir. Espero que tú también aprendas algo, aunque solo sea sobre las vueltas que da la vida.


En la Temporada 1 (esto parece Nurse Jackie, jajaja) te conté más bien mi pre-biografía enfermera: mis primeros pasos y, finalmente, mi experiencia en la Unidad de Diálisis, donde, como te dije, sentí que finalmente empezaba a ser enfermera. Enfermera de verdad, quiero decir; no basta tener un título para ser un profesional: hay que aprender el método, ciertas reglas de relación con tirios y troyanos, los códigos de conducta...

En la Temporada 2 te conté aquella trampa moral que me tendieron para estar en los servicios centrales de la Consejería... y que no acabó precisamente bien. Acababa, y soy consciente de que lo dejé de mala manera (perdón), contando la historia de Moisés, un enfermero conflictivo en un centro de media y larga estancia que nos contaba algunas cosas que a las enfermeras no nos gusta nada escuchar.

Tú, que nos conoces bien, sabes que las enfermeras, por lo menos lo que creo una gran mayoría de nosotras, nos indignamos ante las flaquezas humanas de nuestros colegas. Tenemos unas muy altas dosis de exigencia moral y eso, tenemos que demostrarlo cada día. Trabajar en la administración y tener que enfrentar casos como el de Moisés, para cuya solución realmente carecía de recursos técnicos, me partió por el eje. Y decidí volver a la asistencia; a la Clínica, con C mayúscula, como les gusta decir hoy a nuestros guruses.

Pero en este tercera temporada, como te prometí en algún momento, me voy a centrar en otra novedosa experiencia: el año y medio largo que estuve como supervisora en mi querida (hasta entonces) Unidad de Diálisis de mi querido (siempre) hospital de provincias y que dejé para irme a Madrid, como ya te (os) conté, por motivos laborales de mi costilla. Empecé en abril de 1989 y duré 19 meses y dos días, hasta el 19 de noviembre de 1991. Justo el día de mi 30 cumpleaños.

Besos,
Aurora



No hay comentarios:

Publicar un comentario