miércoles, 16 de agosto de 2017

Folletín de verano: Asesinato en Kingsfont St (11)

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Porker pudo hacer carrera dentro del Council estatal pero prefirió permanecer agazapado en un lugar más bien irrelevante para poder hacer los negocios a su aire, sin tener que dar prioridad a los caprichosos tejemanejes de Paramount. Al menos él contaba eso.
Pero a pesar de ello era un hombre con muy estrechas relaciones en esta secta, sin duda conocería bien a Mr. Y. Además, siempre trató de flirtear conmigo sin que Cinthia lo advirtiera, pero con nulo éxito: era, y supongo que sigue siéndolo, feo de cojones, perdón por el exabrupto.
Pero si le llamaba y le pedía un pequeño favor haciéndome la rubia, como nos recomendó a la otra mitad del cielo la gobernadora de Greater London, Christine Zifonts, no podría negarse.
Y así fue. Llamé a Porker. Porker llamó a Y para acordar una cita urgente para «un temazo». Pero Bond, que no Porker, fue quien acudió a la cita en el bar del hotel Savoy, en Westminster.
5 de abril
Al verme, la epidermis facial de Mr. Y pareció tener leds en lugar de queratinocitos: primero palideció, luego se sonrojó y finalmente se puso con una suerte de color cetrino, entre amarillo y verde. Acabó como un tomate: nunca he oído a nadie gritar tan bajo: –What the fuck! Qué está haciendo usted aquí?
Relax yourself, Mr… ¿Puedo conocer su nombre?
–No, definitivamente no puede. ¡Hasta luego!–. Hizo ademán de largarse… pero poquito. Buena señal.
–Yo, de usted, me sentaría un momento–, dije cruzando tácticamente las piernas de rubia. Con mirada de rubia y voz de rubia. Muy rubia. Solo que soy más morena que Amy Winehouse, QEPD. –Creo que le conviene.
–¿Qué demonios es lo que quiere?
–Por favor, siéntese y relájese. No soy su enemiga, todo lo contrario. Tengo información fiable sobre el asesinato de Lord Paramount que descarta a ciertos sospechosos… Eso hace que objetivamente la cosa pueda ser peligrosa, incluso para usted.
Se sentó, visiblemente agitado. Diría que demasiado agitado, noté cómo se me extendían las antenas, atentas a una comunicación no verbal tan deliciosa…

(Mañana jueves, la duodécima entrega)



martes, 15 de agosto de 2017

Folletín de verano: Asesinato en Kingsfont St (10)





4 de abril
Enseñarle a Mrs. Roof el breve manuscrito de Charles y ponerse en pie fue un acto reflejo solo medible en nanosegundos.
So good–, dijo. –Hemos pillao cacho.
–¿Magaluf, isn’t true?
–Magaluf...–, confirmó, no sin un leve sonrojo, quién sabe si de nostalgia del placer vivido o de vergüenza del pudor perdido. –Tenemos que ponernos en marcha, hay que pedir al Juzgado que la Policía efectúe un registro en condiciones de la propiedad.
–¿Usted cree que el juez se creerá esa tontería? No hablamos de un edificio de hace 400 años, tiene poco más de 20. ¿Pasadizos? ¿Búnker?
–Hay que intentarlo. Mr. Isbox es mi… nuestro cliente. Está desde hace tres días en la prisión de Pentonville, no parece un hombre muy sólido, un hombrecillo venido a más con ínfulas de caudillito… Cualquier día se derrumba y canta la intemerata…
Ok, let’s go

No fue tan fácil. El Juzgado solicitó tomar declaración a Charles; Charles negó tajantemente haber escrito, menos aún entregado a nadie, esa nota; una simple prueba caligráfica con documentos registrales mostró que la escritura de Charles y la de la nota eran más distintas que la cara de Renée Zellweger antes y después del Photoshop 3D. O sea que Charles fue un mero mensajero…
¿Quién habría querido hacerme llegar la información? Tenía que hablar con Mr. Y. Intuía que era un personaje clave. Pero tenía que hacerlo a solas. ¿Cómo podría llegar a él?
Recordé a un viejo conocido, casualmente presidente del Council del condado de Derbyshire: John J. Porker.
Viví con su hija Cinthia en un apartamento compartido, en nuestra época de estudiantes, y cuando venía a Londres a visitarla solíamos cenar los tres en algunos de los restaurantes de alto standing a los que John era tan aficionado. Pagaba él, of course, por entonces mi presupuesto para la restauración gourmet era más corto que el IQ que Nigel Farage. Hombre taciturno y brusco, con intereses en diversificados negocios, algunos de ellos bastante poco claros tirando a turbios, fue cliente mío en un caso un tanto controvertido con importante repercusión mediática del que salió impune gracias a mí: me debe una y gorda.



lunes, 14 de agosto de 2017

Folletín de verano: Asesinato en Kingsfont St (9)





–¿No ha venido Mrs. Cash hoy al Council?
–No me ha entendido bien…
–Querrá decir que no se ha explicado bien–, mascullé un puntito irritada por tamaño prick.
–... no sabemos nada de ella desde que se fue el sábado con Paramount. No está localizable, ni en el móvil ni en su casa.
–¿No saben nada de ella desde hace siete días?
–Exactamente.
–¿Y no han denunciado su desaparición a la pasma o tratado de encontrarla por sus medios?
–Bueno, no es la primera vez que sucede algo así.
–¿Quiere decir, que desaparece sin dar señales de vida?
Es curioso, en la exigua declaración de Alfred Isbox él dice exactamente lo mismo, aunque referido a Nicholas P. Line. Pero cuando iba a mencionarlo intervino con malos modos el cabezón:
–Ms. Bond, esta conversación ha finalizado.
Acto seguido salió del despacho y volvió acompañado del guardia de seguridad. –¿Sería tan amable de acompañar a la salida a Ms. Bond, Charles?
De esa abrupta manera finalizó nuestra inamistosa conversación. Pistas, pocas; pero seguro que la desaparición de Lala Cash estaba relacionada con la muerte de Paramount. Fui acompañada hasta el torno de salida por Charles y cuando me despedía observé que llevaba la mano al bolsillo, extraía de él un pequeño papel doblado y me lo entregaba con cierto disimulo.
–Es el punto ciego de las cámaras–, susurró. –Have a nice day, madame.
En cuanto salí del recinto y lo rodeé para llegar a la calle donde había dejado mi coche, extraje el papel y lo leí: «El recinto tiene un pasadizo que conduce a un lujoso búnker. No sería la primera vez que alguien lo utilizara como escondite».



viernes, 11 de agosto de 2017

Folletín de verano: Asesinato en Kingsfont St (8)





–Ah… ¿Cuándo fue la última vez que vieron a Lord Paramount? –, pregunté
–El sábado por la mañana–, contestó esta vez Mr. Y, el chairman. –Tuvimos reunión del Plenary, comenzó a las 11.30 y finalizó a las 11.45.
–Reunión cortita…
–Normal, solo se trataba de votar a mano alzada… Ahí nunca se discute, Lord Paramount informa si hay que votar sí o no, se vota, yo levanto acta y punto. No hace falta mucho tiempo, salvo que el presidente quiera informar sobre algo, pero eso no es muy frecuente…
–¿Trataron algún tema conflictivo?
–Esa no es información relevante para usted, Ms. Bond, si me permite–, interrumpió el sicario.
–Yo creo que sí–, le respondí tratando de poner mi expresión facial más dura.
–Se votaron unos temas un poco… eh… espinosos, you know what I mean…– retomó la palabra Mr. Y.
–No, yo no sé nada… Espinosos, ¿en qué sentido?
–Dejémoslo aquí–, interrumpió bruscamente Mr. Corpus al chairman, que le miró, luego me miró a mí, después volvió a mirar otra vez al cabezón y finalmente miró al suelo y calló.
Tendría que tratar de hablar con él intuyo que necesitaba soltar algo y quería saber qué era ese algo. Pero tendría que hacerlo a solas.
–¿Qué hizo Lord Paramount cuando finalizó la reunión?
–Se marchó, pero no sé dónde–, respondió esta vez Mr. deStone.
–¿Se marchó solo?
–No.
–¿No?
–No... iba con Lala Cash. Mrs. Cash es la segunda de a bordo del Council y estrecha colaboradora de Lord Paramount desde hace más de 30 años–, aclaró Mr. Y, bajo la mirada irritada del picapleitos.
–¿Puedo hablar con ella, si son tan amables?
–Eeeee, lo cierto es que no sabemos dónde está.