miércoles, 27 de mayo de 2015

"Peleícas"

Ayer me encontré con un artículo publicado en el periódico estadounidense NYT bajo el título
Doctoring, Without the Doctor (un juego de palabras que en realidad es algo así como "pasando consulta sin ser médico") en el cual una persona del prestigio de Uwe E. Reinhardt decía (entrecomillado) lo que pueden leer aquí a la izquierda (la imagen está sacada del blog de salud del periódico). Traducción libre:
Los médicos estan peleando una batalla que tienen perdida. Las enfermeras son como guerrilleros. A veces son derrotadas pero a largo plazo ganarán la batalla. Tienen la economía y el sentido común de su lado.
El artículo describe la lucha de las enfermeras norteamericanas para poder trabajar independientemente de los médicos en aquellas competencias, procedimientos y funciones que les son propias y en sus propias consultas. Naturalmente, no todas, sino quienes poseen una sólida formación de posgrado y amplia experiencia como enfermeras de cuidados generales. Esto me lleva al otro origen de esta entrada, que es la efeméride de una batalla que aún no ha concluido.


Ahora hace exactamente 50 años que se creó la figura de la Nurse Practitioner, una de las cuatro figuras profesionales de la enfermería de práctica avanzada en EEUU que ya hace años renuncié a tratar de traducir (como se puede ver, tampoco Medline Plus se atreve a hacerlo). Su origen tuvo lugar como remedio inevitable a la escasez de médicos que quisieran ejercer en atención primaria, algo que afectaba mucho más profundamente a las áreas rurales más pobres o a territorios inhóspitos como Alaska, que quedaban de esta manera sin cobertura sanitaria efectiva. Henry Silver (médico) y Loretta Ford (enfermera) decidieron formar a enfermeras registradas para que pudieran realizar la cobertura sanitaria básica en estos lugares, dando paso así a la figura de la nurse practitioner [NP] con la capacitación de posgrado suficiente para sustituir en buena medida al general practitioner [GP] (médico general; de ahí el nombre).

En sus orígenes  -y en muchos casos también hoy-, las NP estaban bajo la dependencia formal y legal de un GP que atendía telefónicamente sus dudas y visitaba periódicamente la consulta (practice, en ingles), pero con el paso del tiempo y la mejora en los esquemas formativos para la obtención del título, esta dependencia se convirtió, por lo general, en una pura formalidad administrativa. Empezaron, además, a evaluarse los resultados asistenciales, financieros y de cobertura y fueron contundentes: eran, en el peor de los casos, perfectamente asimilables a los de los médicos en lo asistencial, coste-efectivos en lo financiero y fundamentales para la cobertura de la población.

Un par de decenios después, había ya decenas de miles de NP en una docena de estados donde se había regulado la profesión y las NP se hicieron la siguiente pregunta: "si allí donde los médicos no quieren ir a trabajar nosotras atendemos perfectamente a la población, ¿por qué no vamos  a poder competir con ellos donde sí les conviene poner sus consultas, que es además donde mayor capacidad adquisitiva tienen los pacientes y, por tanto, mejores honorarios se perciben?

Y empezó la guerra de guerrillas a la que se refería Reinhardt. Una guerra despiadada por parte, tanto del lobby enfermero (AANP) como del lobby médico (la AMA y la FSMB) que poco a poco fue cayendo del lado de las NP. Actualmente existen cuatro áreas de práctica clínica avanzada (familia, obstétrica, pediátrica y salud mental), son más de 200.000 profesionales, están presentes ya en todos lo estados de la Unión y están ya reconocidas como full practice (NP independientes que ya no están adscritas a, ni dependen de un médico) en 22 de ellos (en marzo de este año se hizo en Nebraska y este mismo mes de mayo se aprobó en Maryland).



El artículo, y también la efemérides, me dieron pie para este artículo, que tenía en cartera desde hace meses; más exactamente desde que analicé algunas reacciones que llamaron mi atención con motivo de la entrada de este blog titulada La otra mitad del cielo (de Teresa), publicada en octubre del pasado año y que tuvo una excepcional acogida, cualitativa y cuantitativamente. La entrada planteaba en toda su crudeza la necesidad para la enfermería, si quiere progresar realmente, de enfrentarse a la pandemia de elitismo médico, frente a la que solo un puñado (meritorio y no muy abundante) de galenos parece estar inmunizado.

Curiosamente, una vez expresado el enfado (ver los más de 50 comentarios a la citada entrada) de manera tan razonada como indignada, algunas/os enfermeras/os se sintieron como si en un momento de obnubilación hubieran pegado a sus padres y se lanzaron con ansiedad a suplicar su perdón y misericordia. No fueron todos, naturalmente, pero sí una representación significativa, sobre todo cualitativamente.

La conclusión que sacó uno de los amables comentaristas fue muy clarita:
Hay una cosa que realmente me da pena personalmente, es que de todo esto quede una "peleica" entre médicos y enfermeras, es ridículo y absurdo.
Este es solo un ejemplo, aunque hay más. Y yo me dije: o sea, que los cuidados de las enfermeras han sido críticos en la curación de una paciente en situación vital muy comprometida y objetivamente peligrosa para quienes la cuidan (de hecho uno de los pocos factores sobre los que no hay dudas de que contribuyeron críticamente a lograrla, como bien se reconocía unas semanas más tarde en una importante revista médica); han corrido (junto con el resto del personal del quipo de enfermería, por supuesto) el 90% de los riesgos y han cuidado, acompañado y reconfortado a la paciente... y cuando se trata de dar la buena noticia aparecen ante los ansiosos medios, es decir, ante la sociedad, cuatro médicos en absoluta soledad para dar la buena nueva... Esto es una agresión (voluntaria o estúpida; propia o de los burócratas) a un importantísimo y digno colectivo profesional que en cualquier país civilizado con un lobby enfermero medianamente solvente hubiera tenido graves consecuencias políticas. Pero ni este es un país serio ni el lobby enfermero, capaz solo de estúpidas alharacas, está nunca a la altura de las circunstancias y de sus obligaciones.


Allí donde la enfermería ha progresado (y este progreso, eso sí, les sirve a las enfermeras de países como este como referencia y reivindicación), ha sido a base, no de peleícas, sino de guerras cruentas, muy duras y largas. Es la misma base del progreso y la evolución: nadie cede poder, recursos y utilidades si no es a la fuerza y como mal menor y quien espere de papá-estado que se conmueva y se enfrente a quienes tienen el poder (y aparentemente mayor capacidad de crearles problemas si se enfadan) para llevarles de la mano es que son unos completos idiotas que no entienden nada de la realidad de la vida social. Ni siquiera esto tan obvio.

O se auto-engañan porque en realidad están acojonados ante la posibilidad de tener que enfrentarse a sus padres: hasta los hijos de verdad necesitan en un momento dado enfrentarse a ellos para afirmar su identidad como personalidades independientes. Decía Leonard Stein (el psiquiatra norteamericano que inventó y describió el doctor-nurse game) que el día que las enfermeras se emanciparan los médicos se sentirían aliviados porque la liberación del oprimido libera también al opresor.

Los retos que tenemos que enfrentar en nuestro sistema sanitario son de tal envergadura que es imposible hacerles frente con unos fundamentos organizativos obsoletos y unos mapas profesionales que apenas si han cambiado desde los años 70 del pasado siglo. Es simplemente imposible. Sin embargo, a la hora de renegociar dichos mapas competenciales no hay posibilidad de posiciones proactivas por parte de quien tiene mayor poder  y capacidad de influencia, solo caben posiciones reactivas de defensa numantina de cada función, cada procedimiento, cada paciente, como si les fuera la vida en ello. Y como necesitamos una enfermería mucho más fuerte, cualificada, numerosa y con más competencias, necesitamos que se metan, pero ya, en peleícas. No tanto por las propias enfermeras/os  -que se busquen la vida, que ya son mayorcitos-  como por sus pacientes actuales y potenciales.


martes, 12 de mayo de 2015

En el Día de la Enfermería: ¿ser muchos o ser importantes?

Siempre me ha gustado, aunque a veces no me ha sido posible, preparar una entrada con ocasión del Día Internacional de la Enfermería. Normalmente, entre tanto aleteo satisfecho  ‒y plenamente justificado, sobre todo cuando se celebra el aniversario de la abeja reina‒ del enjambre, trato de introducir algunas dosis de pensamiento crítico que, sin llegar a ser maleducadas (no deja de ser como ir de invitado al cumpleaños de un viejo y querido amigo: no vas a escupir en el ponche), sí introduzcan algún elemento de reflexión para los siguientes 364 días (365 en este caso, ya que 2016 es bisiesto). Ante todo, ¡feliz día! (si os dejan).

Este año, la actualidad y ese gran aporte de azar que introducen las redes sociales han propiciado una reflexión sobre la importancia de lo cualitativo y lo cuantitativo en el futuro de la profesión de enfermería. Ah, y sobre la evolución de las especies y ese pájaro tan feo que véis aquí arriba, llamado Dodo, que se extinguió porque, al haber perdido la necesidad de volar fuera de su zona de confort, se le atrofiaron las alas. Y cuando su ecosistema se volvió hostil y quiso volar hacia otro más seguro... simplemente ya no pudo.

1. Estando preparando esta entrada, alguien volvió a enlazar en twitter una antigua entrada de Fernando Campaña (@ferenfer) en su blog Nuestra Enfermería, titulada Cuento de Sanidad; en concreto, la segunda parte, porque hay una primera. Recuerdo haber leído en su momento la entrada y supongo que las obligaciones del momento me impidieron una reflexión escrita sobre lo leído. Fernando realiza una creativa adaptación de Un Cuento de Navidad, de Charles Dickens, haciendo que la enfermería se enfrente a los fantasmas del (paciente del) pasado, del presente y del futuro. Fue precisamente este último fantasma del futuro el que me proporciona hoy esta primera cita (las negritas son añadidas por mí):
De nuevo en el viejo pasillo medio en penumbras pero queriendo ser iluminado por el día, y mientras la enfermería se dispone a finalizar sus tareas y terminar, vuelve a sentir un escalofrío. Se le aparece un nuevo espectro, montado esta vez en una flamante camilla y dispuesto a ser intervenido. El espectro la mira y le dice… debes de ser tú. A lo que la enfermería responde ¿su enfermera? El espectro suelta una carcajada, y mirándola le dice ¿mi qué? Por favor, ya no existe eso en mi tiempo. Pero si, me refería a quién debía visitar.
La enfermería que había estado boquiabierta durante la noche, viendo pasar espectros, esta vez si que entra al trapo y contesta, Un momento por favor, puedo reconocer mi pasividad a veces y mis acciones pasadas pero, permítame que dude que esta disciplina desaparezca en un futuro. La enfermería es insustituible, soy insustituible.
El espectro comienza a reír de nuevo, y le pregunta a la Enfermería, ¿Eso crees? Los pacientes hubo un tiempo que necesitábamos ser conducidos y llevados por sanitarios a todas partes, siendo tratados como niños, de repente nos encontramos con unos profesionales que no solo no nos hacían el caso preciso, si no que de buenas a primeras querían que fuéramos autosuficientes, pero sin explicarnos y sin convertirse en nuestros ángeles o guías, por lo que aprendimos solos, por nuestros propios medios a movernos en el sistema. Querías que nos empoderáramos mientras no nos enseñabas. Estabas muy preocupada en fijarte y equipararte a otras disciplinas, sin dibujar una senda propia, y te quedaste en nada, de esta manera otros han cogido a partes tu “rol autónomo”, y lo han desmembrado y asimilado. Cuándo te convertiste en lazarillo de técnicas, fuiste técnica, cuando te dijeron haz, hiciste y fuiste ejecutora, obedeciste, y entraste en una senda que no era tu camino. Y nosotros ante tu pasividad y desamparo crecimos y nos hicimos autosuficientes, pero no gracias a ti, que comenzaste a ser prescindible por un motivo u otro. En su día debiste aportar, crear y ser líder y guía del cuidado, pero te dejaste llevar y sin luchar. Por eso señorita, me voy a operar, y luego me cuidaré, despreocupese que ya no la necesitamos y no la conocemos, dice con su voz espectral mientras se desvanece por el pasillo.
Lo que trata de exponer Fernando  ‒o al menos lo que yo he entendido, porque es esperable alguna moraleja en una fábula‒  es que la enfermería (en realidad su referente es solo la enfermería hospitalaria) pierde su alma tratando de imitar a otras profesiones (los médicos, ¿quién si no?) y cuando lo hace sus funciones son "cogidas a partes por otros", por lo que acaba desapareciendo. Ya no existe. Kaput. Punto final. Es un dodo.


2. Mi apreciado Enrique Castro (@castrocloud) publica un tuit en el que enlaza un breve editorial de la revista Journal of Nursing Management, bajo el título "Las enfermeras no tenemos derechos de propiedad sobre los cuidados: pero sí sobre los modelos de práctica clínica" [Nurses do not have proprietary rights on caring: but we do on clinical practice models]. Breve, pero con enjundia (y, por cierto, no sé si será por su australianidad, con una redacción deficiente e irritante, sobre todo cuando tratas de traducirlo.)

En el editorial se plantea un escenario de futuro que resultará sin duda inquietante para muchas enfermeras, especialmente para un subtipo muy característico cuyo lema es "si la realidad no me gusta, que le j**** a la realidad". Aquí tienen la traducción casi completa (o, más bien, una adaptación a nuestra realidad cultural que he tratado de hacer sin traicionar el fondo y el espíritu de las ideas contenidas en el texto):
Se está intensificando en todo el mundo una 'tormenta perfecta' que supone nuevas exigencias y retos para la enfermería, pero al tiempo, también, oportunidades excepcionales. El creciente número de personas con enfermedades crónicas y complejas y los recortes presupuestarios suponen todo un reto para los recursos humanos sanitarios y una amenaza para las demandas crecientes de una cobertura universal de la atención sanitaria. Son factores que desafían los modelos y paradigmas de cuidados existentes y que exigen soluciones innovadoras.
Paradójicamente, nunca antes habíamos tenido enfermeras tan bien formadas y con competencias tan bien alineadas con la demanda de cuidados basados en evidencias y centrados en las personas. Estamos, como profesión, a la altura de estos desafíos y por fin ha llegado nuestro momento de demostrarlo.
En décadas pasadas, la enfermería y sus roles eran mucho más homogéneos y predecibles. La mayoría de las enfermeras fueron educadas en el ámbito hospitalario y su papel era mucho más previsible y controlable.
La atención médica era proporcionada principalmente en los hospitales y los médicos determinaban en buena medida el alcance de la práctica de las enfermeras. Sin embargo los tiempos han cambiado, las enfermeras son ahora un personal, no solo con alta cualificación sino también con una mejor formación académica, y hacen su trabajo en una gran variedad de entornos, desde la cabecera del paciente hasta las salas de juntas. Y además siguen desarrollando y perfeccionando formas innovadoras de prestación de cuidados y de mejora de los resultados de los pacientes.
También está cambiando el propio papel de los pacientes en la asistencia sanitaria. De manera creciente, los pacientes y sus familias prestan cuidados como colaboradores y no como meros receptores de los mismos. Es fundamental destacar la importancia de los cuidadores informales, que se están convirtiendo en un factor crítico en la atención a las personas que, cada vez en mayor número, requieren cuidados permanentes en la comunidad.
Este escenario cambiante requiere nuevas capacidades: asesoramiento en lugar de educación didáctica; decisiones compartidas en lugar de planificación prescriptiva; y modelos de prestación de cuidados adaptados y dirigidos a objetivos, en lugar de limitarnos a esperar que los pacientes respeten y se adapten a nuestras formas tradicionales de trabajo. Para dar respuesta a estos desafíos, se han hecho llamamientos en todos los países desarrollados para que aumente el número de enfermeras con formación universitaria avanzada, plenamente capacitadas para dirigir y coordinar modelos de cuidados cada vez más complejos (...)
Asistimos también a una heterogeneidad creciente en la oferta de personal de enfermería, tanto en lo que respecta a los propios modelos de servicio como a los niveles ocupacionales en que se estructura, incluyendo al personal técnico y auxiliar (...) La tendencia a una mayor diversificación y heterogeneidad en los recursos humanos de salud es un fenómeno global (...) Ello ha generado un mayor nivel de discusión y debate sobre la supervivencia de la enfermería como profesión con competencias reguladas, al tiempo que pugnas territoriales en el campo de la asistencia sanitaria.
De manera similar a como las enfermeras han ido adquiriendo tareas y competencias anteriormente atribuidas en exclusiva a los médicos, tendremos que ir aflojando las riendas de nuestro rígido control de los 'derechos de propiedad' sobre los cuidados. Tendremos que ser abiertos y receptivos a la posibilidad de compartir nuestro terreno con una nómina diversificada y heterogénea de trabajadores sanitarios, así como con los cuidadores informales. Muchas de esas personas poseen los conocimientos, habilidades y capacidades necesarias para cuidar al creciente número de personas que necesitan cuidados de salud. Tenemos que dar la bienvenida a nuestros nuevos colaboradores.
En la misma medida que los cambios en el entorno de los servicios de salud se vayan intensificando y la estructura de las ocupaciones sanitarias se siga diversificando, tendremos que ser capaces de ir acomodándonos a estos cambios, estar dispuestos para negociar y saber trabajar para conseguir una asistencia sanitaria que sea equitativa y accesible.
Pero en este nuevo escenario no podemos ni debemos abandonar nuestro importante rol en el entorno de la práctica clínica. La sociedad nos mira buscando un nuevo liderazgo y no podemos menospreciar nuestro importante papel en el mantenimiento de los estándares clínicos.
Ello requerirá nuevas maneras de trabajar; y colaboración y compromiso con nuestras comunidades. El énfasis de muchas instituciones académicas y clínicas en el desarrollo de programas formativos y de práctica clínica interprofesionales es un paso muy importante para poder valorar la dimensión de la aportación de cada uno de nosotros en este terreno compartido. Sin embargo, esos modelos se centran únicamente en las profesiones sanitarias y nosotros deberíamos mirar más allá, a la creciente heterogeneidad de los recursos humanos sanitarios.
Este aumento en la diversificación de las estructuras de personal de salud producirá una serie de reacciones, del entusiasmo al desprecio. En vez de rechazar las nuevas ocupaciones, deberíamos mirar la manera en que podríamos apoyarlas y ayudarles en su desarrollo, aceptándolas como miembros del equipo de cuidados e identificar estándares para unas prácticas éticas, basadas en evidencias, que promuevan la seguridad y calidad de los cuidados que prestan. Ello exige enfermeras que sean líderes cualificados, expertos clínicos y científicos capaces de dar forma a modelos de cuidados que sirvan para satisfacer las demandas de los pacientes y sus familias, no las de los propios profesionales sanitarios. Desarrollar y evaluar modelos de prestación de cuidados innovadores que incluyan un elenco más amplio de profesionales de la salud es esencial para enfrentar los retos de los servicios de salud actuales. Las enfermeras deben estar a la altura de este importante desafío para asegurarnos de que mantenemos nuestro papel fundamental en la promoción de estándares clínicos y la salvaguarda de la calidad de la asistencia.
En definitiva, lo que proponen los editorialistas es otra forma de visualizar el futuro, menos complaciente y ciega, más proactiva y darwinista. Naturalmente, se basa en una deducción de las tendencias de futuro basadas en el análisis de la evolución histórica hasta el presente, una deducción que puede estar equivocada o ser exagerada... pero no menos que la visión del espectro del futuro de Fernando Campaña. Ambas miran a un mismo escenario futuro, pero lo sintetizan de manera antitética: donde el pesimismo ontológico de Campaña adivina la extinción de la enfermería como tal, el optimismo darwinista de Davidson y Du imagina su renacimiento bajo un nuevo paradigma enfermero más orientado a la dimensión clínica de los cuidados.


3.  Cada año, tan predecible como cansino, comparece ante los medios el presidente del Consejo General de Enfermería para anunciar en términos cuasi-apocalípticos que en España deberíamos tener en torno a un 30%-40% más de enfermeras "para llegar a la media europea"... ¡en un país donde muchos miles de enfermeras están condenadas a la emigración, al desempleo y a la precariedad laboral!

Para no abrumar con datos que ponen a prueba esta gran simplificación y mistificación, ayer mismo publiqué en el blog una entrada (a ella remito a quienes después de leer esta entrada continúen teniendo dudas) con una aproximación numérico-estadística de esta gran boutade.

Lo que en este día tan señalado me pregunto públicamente es el sentido real y la oportunidad de este mantra, dado que es ampliamente replicado en los medios de comunicación locales y sectoriales y en las redes sociales del ramo. Los colegios territoriales, sean oficialistas u opositores, y los sindicatos, sean profesionales o de clase, porque en esto curiosamente todos cierran filas, salen a los medios como locos para reivindicar los miles de enfermeras/os que les faltan. Y los titulares de prensa se retuitean y comparten acríticamente, sin pensamiento lógico detrás. Y yo no entiendo muy bien lo que subyace detrás de esta vía argumental tan asumida por (casi) todos.

¿Es una queja?

Y si es una queja, ¿qué se espera o exige que hagan los poderes públicos (no en los mundos de yupi, sino en la vida adulta real)? Fabricar, en vez de 10.000 enfermeras al año, 20.000, para ponernos al día con la media europea en seis o siete años, eso sí, con 50.000 enfermeras en el paro?

¿Nos quejamos... porque queremos ser más (aun siendo ya los más numerosos)?

Conociendo, me atrevo a decir que bastante bien (perdón por la inmodestia), la sociología de esta querida profesión, no creo que el tamaño sea importante: la enfermería no se va a movilizar más porque sean 400.000 los profesionales, en lugar de 240.000 (que es lo que parecen propugnar González y sus variopintos amplificadores). De hecho, y perdón por la visión un tanto pesimista, en ese escenario serían más probables las guerras civiles que las de liberación nacional...

¿O es simplemente la manifestación de un estado de ánimo victimista?

Yo diría que sí. Y añadiría, si se me permite, con un puntito masoquista poco sano: "¿ves? pintamos tan poco que estamos en la cola de Europa también en esto, maldita profesión". Y punto. Sin entender que también se está a la cabeza en muchas otras cosas, exactamente en aquellas en las que la representación política de la profesión (que es, desgraciadamente, la única que parece capaz de generar titulares en la prensa nacional) no ha tenido nada, o muy poco, que ver. En las que están en la base de la satisfacción intrínseca: preparación, competencia, aportaciones, valoración de los pacientes, satisfacción del trabajo bien hecho, humanización, crecimiento académico e investigador...

Sin embargo, en vez de exigir sus responsabilidades a quienes más la tienen en los aspectos extrínsecos (para qué voy a abundar en temas como especialidades, prescripción, desemprecariedad, ratios de personal, gestión clínica...), empezando por quienes llevan ¡casi 30 años! al frente de la representación corporativa profesional pero se presentan como víctimas y no como los cómplices objetivos que son, lo que se hace muchas veces es servir como altavoces de la inoperancia, la desfachatez y la corrupción institucional.

Yendo a lo esencial: ¿De verdad el tamaño importa? ¿Por qué, y sobre todo para qué, es importante ser muchos? Probablemente sea mucho mejor ser importantes. Saber ser líderes de la dimensión clínica de los cuidados, antes que chica para todo.

Voy a escribir algo de lo que estoy (casi) seguro de que dentro de 15 o 20 años no tendré que arrepentirme: la enfermería de los países desarrollados, debido sobre todo al hecho innegable de que en la mayoría de ellos la gente joven no quiere estudiar la carrera de enfermería, está condenada a reproducir el modelo español: unas dotaciones mucho más reducidas de enfermeras con formación universitaria avanzada y un catálogo variopinto de ocupaciones-satélite que vayan asumiendo tareas y funciones que hoy en día son de las enfermeras tituladas.

Lo digo en serio: el modelo español de enfermería es la vanguardia en esto.

Y los tontolaba del Consejo General de Enfermería no solo no lo entienden sino que todo por lo que suspiran es por ser como los "ricos del norte".

Ahora bien, también hay asignaturas pendientes, que se derivan de un paradigma sanitario obsoleto, basado en dos puntales: médicos y hospitales. Por eso, aún existe un gran potencial de crecimiento en la atención comunitaria, la asistencia primaria y los cuidados sociosanitarios. Pero para poder aprovechar este potencial hacen falta nuevos liderazgos enfermeros: cultos, comprometidos, honrados, visionarios, basados en un profesionalismo enfermero renovado, negociadores... vaya, cojan lo que hay ahora, denle un giro de 180º (y un buen programa de lavado) y tendrán exactamente lo que necesitan.



4. ¿Se extinguirá la enfermería? ¿Le sucederá lo que al dodo, un ave no domesticada que no pudo evolucionar en un ecosistema insular (Isla Mauricio) muy cerrado, complaciente y seguro que le llevó, aun siendo un pájaro, a olvidarse de que sabía volar, con lo cual no pudo buscar un nuevo ecosistema cuando el heredado, al que creía propio, se volvió hostil?

¿O recordará que no es  ‒no debería ser‒  un ave domesticada, que aún conserva  ‒debería conservar‒  sus alas (y no de ángel, que esas solo funcionan en el pensamiento mágico) y que es capaz  ‒debería ser capaz‒  de volar hacia un mundo mejor para todos, empezando por ella misma? Igual no es como a muchas y muchos les gustaría, ese ideal puro, alma mística sin carne mortal, pero la gente siempre la necesitará; así que tendrá que evolucionar. Para que no tengamos que decir kaput, punto final, en realidad... era un dodo y no se acordó de que sabía volar.

Feliz día y perdón por la murga.


lunes, 11 de mayo de 2015

La inconsistencia e incontinencia del Consejo de Enfermería: datos ciertos... pero no reales

Fiel a su inconsistencia estratégica y a su incontinencia mediática, el presidente del Consejo General de Enfermería vuelve, como cada año, a lanzar el titular de prensa sobre la escandalosa falta de enfermeras que sufre nuestro país; cifras, por cierto, que parecen estar aquejadas del baile de San Vito (dicho en términos coloquiales, con absoluta empatía con quienes padezcan la enfermedad de Huntington y sin relación alguna con el apodo cariñoso con que en ciertos sectores -subversivos- de la profesión se conoce a su querido presidente).

Díganme, si no:

jueves, 30 de abril de 2015

"Análisis y propuestas para la regeneración de la sanidad pública en España"

El pasado martes (28 de abril de 2015) se presentó el documento "Análisis y propuestas para la regeneración de la sanidad pública en España", coordinado y conformado en su redacción final por Javier Rey del Castillo y preparado por un grupo de 11 sabios (más un servidor como infiltrado).

El documento fue auspiciado por la Fundación Alternativas, un think-tank español formalmente independiente, aunque, para qué ocultarlo si es notorio, bastante afín a la "izquierda moderada". Aunque hoy ya no se sepa muy bien, afortunadamente, qué delimita cada etiqueta política, digamos que hablamos de la órbita del PSOE. Aunque ni yo desde luego ni el coordinador del documento (y creo que la gran mayoría  -si no todos-  de los sabios tampoco) seamos satélites en dicha órbita (si acaso, asteroides un tanto erráticos). Se trata, por tanto de un informe independiente, sin presiones ideológicas, indicaciones programáticas ni auspicios partidistas.

sábado, 25 de abril de 2015

La enfermería y sus metáforas

El pasado miércoles 22 de abril acudí a Sant Boi de Llobregat (Barcelona), invitado por la Associació Professional d'Infermers de Sant Joan de Déu, para compartir algunas reflexiones bajo el sugerente (y un tanto misterioso) lema "Enfermería: ¿Evolución o...?". El lema lo propusieron los organizadores (suelo intentar que sea así para que me lo pongan más fácil que si me dicen "no, habla tú sobre tus cosas esas...") y me dio una gran oportunidad para realizar una especie de síntesis de las últimas ideas que he venido proponiendo/provocando con respecto a la evolución de la enfermería en España. La conferencia, de una hora de duración, fue grabada y cuando esté disponible y me autoricen los organizadores compartiré la grabación aquí.

lunes, 13 de abril de 2015

El reto sanitario y financiero de los cuidados de larga duración (segunda parte)

[Esta es la segunda parte de una entrada cuya primera parte se publicó el pasado día 7 de abril. No obstante, puede leerse sin necesidad de leer aquella, especialmente si usted ya está concienciado y convencido de que enfrentamos un gran reto en la provisión y financiación de cuidados de larga duración.]



6. El reto sanitario al que hace referencia el título consiste en tratar de evitar que un porcentaje creciente de personas en la etapa de cronificación (‘pacientes a tiempo parcial’, por decirlo de una manera gráfica) pasen a engrosar las filas de los ‘pacientes a tiempo completo’, dependientes y/o institucionalizados, de la etapa final y que permanezcan tratados y cuidados en la comunidad o en dispositivos residenciales o de día. Y eso es muy difícil que con los actuales modelos organizativos y competenciales, especialmente en la Atención Primaria, pueda siquiera plantearse.