jueves, 18 de agosto de 2016

La Cizaña



Me van a permitir que interrumpa un par de días la serie de "Historia de una enfermera", pero verán que tengo motivos.

ANTECEDENTES:

Desde el mismo momento en que presenté en público y comenzó a difundirse "La enfermería frente al espejo: mitos y realidades", hace ya casi seis años, desde el Consejo General de Enfermería [CGE] se puso a circular una historia falsa de toda falsedad: un infundio, vamos.
Dice el infundio, y lo recojo literalmente, ya que se publicó en (mejor dicho, a través de) Redacción Médica, el 22 de octubre de 2010:
“Hace años este sociólogo propuso al Consejo General de Enfermería [CGE] que realizara una investigación similar, y se ve que como en la sede enfermera no quisieron (lo sacaron a concurso público para mayor transparencia), el hombre anda un poco resentido con los líderes de la profesión y ha aprovechado sus quince minutos de gloria para intentar hacer daño. Desde luego, con esos argumentos, lo que da es risa…”
Como suelo ser una persona más bien templada y como conozco bien mis derechos, exigí al director del medio, basándome en mis derechos constitucionales (regulados en la Ley Orgánica 2/1984, de 26 de marzo,reguladora del derecho de rectificación), la rectificación de aquellos extremos que, como dice la ley, considero inexactos y cuya divulgación pueda causarme perjuicio. Una cosa, por cierto, que el CGE nunca hizo, probablemente porque sabe que lo que yo denuncio no son “hechos inexactos”, antes de ponerme la querella penal de la que supongo a todos ustedes más o menos al tanto.
La rectificación fue, efectivamente, publicada en el mismo medio el 28 de octubre de 2010 (el ejemplar correspondiente a esas fechas no existe en la hemeroteca), donde pude negar lo expuesto y contar muy brevemente por qué era imposible que esos hechos hubieran tenido lugar (no se impacienten, que en un momentito lo cuento). Desde entonces, no es raro que en las redes sociales, en cuentas fake o por community managers asalariados, pelotas sin seso o estómagos agradecidos se deje caer esta historia para explicar que mis denuncias se deben, en realidad, a “despecho”, que es algo personal, vaya… Es todo un walkingdead, un muerto que se resiste a morir para siempre y una y otra vez vuelve a aparecer; pero ya estoy tan acostumbrado que ni le suelo prestar atención.
La novedad es que estas últimas semanas quienes le están haciendo el trabajo sucio a los afanosos muchachos de Il Dottore han sido dos personas (que aún no sé si es que son muy tontas o muy listas) de entornos “progres” y desde luego nominalmente contrarios al CGE. Dos hechos, la verdad, raros-raros.

Uno tuvo lugar en Twitter, por parte de una persona que no conozco de nada, que yo recuerde, y que se autodefine en su perfil como paladín de la marea blanca en defensa de la sanidad pública igual para todos;  el otro se perpetró, para gran sorpresa mía, en un grupo de mensajería instantánea (formado precisamente para movilizar apoyos a mi favor cuando se concretó la querella de Il Dottore), por parte de una persona en otro tiempo muy próxima que parece haberse olvidado de todo el apoyo y dedicación que les presté cuando quisieron organizarse en la primera asociación enfermera opositora de vocación estatal: desde redactar el manifiesto fundacional hasta... ¡da igual! Mucho...
La verdad es que me llevé dos berrinches importantes que me afectaron personalmente. Pero como a estas alturas de mi vida he aprendido que no me puedo permitir el lujo de odiar a nadie, por odioso u odiable (o gilipollas, perdón por la licencia poética) que sea, he decidido contar la realidad y documentarla, citando además a las personas que estuvieron implicadas, que serían las únicas que podrían desmentirme. Espero que no les moleste a ellas resurgir del tiempo tantos años después en este contexto, por mi "culpa".
De esta manera, cuando reaparezca el walkingdead me limitaré a decir “Mentira” y enlazar esta entrada para demostrar que efectivamente todo es mentira. Salvo que los implicados me desmientan... que verán como no.






LA HISTORIA REAL.
En julio de 1995 cesé (había cambiado el gobierno del PSOE al PP) como Director General de Recursos y Organización de la Consejería de Salud de la Comunidad de Madrid. Era funcionario de carrera (de la Junta de Andalucía), pero tenía mi plaza reservada en Sevilla y por motivos familiares, en aquel momento no me convenía trasladarme dejando a la familia detrás. Así que solicité una excedencia de dos años que me fue concedida, creo que en octubre de ese mismo año.
Como tenía que ganarme la vida, me instalé como consultor o asesor free-lance; me di de alta en el RETA y empecé a recibir algunos encargos. Algunos de ellos de organizaciones enfermeras, desde una consultora privada (Tecnogest) a un departamento de Enfermería (Universidad de Alcalá), pero también pasé por gigantes como Coopers&Lybrand (Barcelona) o el Instituto de Empresa (Madrid).

La verdad es que en esos momentos carecía de recursos para poder realizar estudios de opinión, encuestas de mercado y ese tipo de cosas que dan mucha pasta; tenía solo un despacho bien equipado (para la época), mi cabeza, mi experiencia y mis manos. De hecho, los trabajos del proyecto que ahora empiezo a contar fueron sacados a concurso y asignados a un instituto de investigación, precisamente porque yo no podía asumirlos con mis propios recursos.
En la primavera de 1997, una buena amiga enfermera, Cristina Francisco, en nombre de la Asociación Española de Enfermería Docente [AEED], quiso sondearme acerca de mi disponibilidad para ser contratado como coordinador técnico de un proyecto de “Libro Blanco de la Profesión Enfermera” que estaban concertando cuatro asociaciones del sector:

  • La AEED, representada por la propia Cristina, Rosamaría Alberdi y Mª Paz Mompart (puede que alguien más asistiera a alguna reunión).
  • El Sindicato de Enfermería-Satse, representado por su entonces presidente (y hoy secretario general) Víctor Aznar y por su (entonces) secretario general, Pepe Martos. También asistía el (entonces) responsable de estudios del sindicato, Javier Sebastián, y Nuria Rossell, de quien no recuerdo el cargo. Pepe era un buen amigo de mis tiempos en el Servicio Andaluz de Salud donde, a pesar de que él estaba en un lado de la mesa –sindicatos– y yo en el otro –recursos humanos– sostuvimos en el tiempo una relación muy cordial. Que él me avalara, además de la AEED, fue clave para que me contrataran para el proyecto.
  • La Conferencia Nacional de Directores de Escuelas Universitarias de Enfermería [CNDEUE], representada por su presidenta, Amparo Benavent y por la directora de la Escuela de la Universidad de Alcalá, Marta Durán. 
  • Last but not least, la Asociación Nacional de Directores de Enfermería [ANDE], representada por su presidente (entonces, como actualmente), Jesús Sanz, y por Mariona Creus.
  • Y como Presidente de la "Mesa de Consensos” (asistente a las reuniones como, digamos, mediador entre las asociaciones) se incorporó a Francisco Pachi Cuberta, a la sazón, si no recuerdo mal, Delegado de la Consejería de Salud en Sevilla.
Fui contratado como “Coordinador Técnico” y empezamos los trabajos exactamente el 13 de junio de 1997 (acta aprobada el 17 de julio). Si no recuerdo mal, mis honorarios ascendían a 2.000.000 de pesetas (12.000 euros; asumiendo la variación del IPC desde entonces, a día de hoy representaría cobrar unos 19.000 euros) por un año de trabajo (a tiempo parcial).
En esa primera reunión se aceptó en su totalidad mi propuesta, denominada “La profesión de Enfermera/o en España. Análisis de su situación actual y perspectivas de desarrollo”, así como el presupuesto presentado, no solo de mis honorarios sino también de los trabajos a contratar.
Para ser operativos, se acordó que Satse iría asumiendo los pagos hasta que llegaran las numerosas subvenciones… de las que no llegó ni un duro, de manera que ante la indigencia (o el morro, que también hubo en un caso) del resto de las organizaciones, Satse se comió el marrón financiero en exclusiva, al menos 10 millones de pesetas, calculo (que serían unos 100.000 euros a precios de hoy).

(Nobleza obliga: Satse fue la organización más plenamente comprometida con el proyecto desde su nacimiento y la única que trató de darle cuidados intensivos cuando agonizaba, pensando que era recuperable, mientras el resto saltaba del barco sin ocuparse siquiera de proporcionar unos mínimos cuidados paliativos. Y la única, por cierto, que cumplía en tiempo sus tareas: es lo que tienen las organizaciones bien jerarquizadas, supongo. Y el compromiso de sus líderes, Víctor y Pepe, de quienes en aquella época jamás tuve motivo de queja sino todo lo contrario.)
En fin, desde el primer momento se debatió la necesidad o conveniencia de invitar a incorporarse al proyecto a la principal asociación enfermera de España: el Consejo General de Enfermería [CGE]. Como en la primera reunión sólo se encontraban presentes dos de las cuatro organizaciones, se demoró la discusión para la siguiente.
En esta  segunda reunión, celebrada el 17 de julio (acta aprobada el 18 de septiembre) se estimó que, a pesar de las extraordinarias reticencias que había contra el Consejo y contra Máximo González Jurado, basadas en las (pésimas) experiencias en primera persona de tres de las organizaciones, el proyecto quedaría bastante deslegitimado si al menos no se intentaba su participación.
Por tanto, se acuerda dirigir una carta al presidente del CGE, Máximo González. Rosamaría Alberdi prepara la carta y yo me encargo de firmarla y enviarla, lo que hago el día 20 de julio. De esta carta no tengo copia en mis archivos (fíjense, que estaban en disquetes y en WordPerfect).
 
No hay ninguna respuesta en varias semanas (verano por medio), razón por la cual trato de contactar telefónicamente con algún responsable del CGE. Tras bastantes intentos, el día 21 de octubre (tres meses después del envío de la carta) recibo una llamada de María Teresa Monzón Casas, Vicepresidenta Tercera y miembro de la Comisión Permanente, la cual me traslada el interés del CGE en el proyecto y me pide que le envíe otra carta al Presidente del Consejo formalizando la invitación y proponiendo fechas, lo cual hago el día 28 de octubre:
Madrid, 28 de octubre de 1997 
Distinguido Sr. González Jurado:
Mediante esta carta acuso recibo, en nombre de las cuatro organizaciones promotoras del Proyecto "Libro Blanco" de la Profesión de Enfermería, de la notificación telefónica realizada el pasado día 21 del presente mes por Dª María Teresa Monzón, Vicepresidenta de la Organización Colegial de Enfermería, en la que manifestaba el interés de esa Organización por mantener una reunión para analizar conjuntamente el Proyecto y las posibilidades de colaboración.  
Igualmente, le traslado la satisfacción de las cuatro organizaciones por el interés demostrado y su confianza en que el trabajo conjunto daría los mejores resultados.
Como ya le adelanté en la conversación telefónica a la Sra.Monzón, nuestra próxima reunión está prevista para el día 4 de noviembre. Por las dificultades existentes para concretar telefónicamente y "a cinco bandas" una fecha adecuada para el encuentro con ustedes, hemos acordado que en dicha reunión revisaremos, agendas en mano, las disponibilidades sobre las fechas sugeridas por la OCE; seguidamente, me pondré en contacto nuevamente con ustedes para "encajar" las respectivas agendas.
Reiterando nuestra satisfacción, quedo personalmente a su disposición. Reciban un saludo de las cuatro organizaciones.

Juan Hernández Yáñez
Coordinador Técnico

 En la citada reunión del 4 de noviembre, según recoge el acta:
"Se aprueba, redacta, edita y firma durante la propia reunión una carta dirigida al Sr. Presidente de la Organización Colegial de Enfermería, de la que guardan copia las cuatro organizaciones. La carta será enviada por el Coordinador Técnico, quien será, asimismo, el destinatario de la eventual respuesta de la OCE”.
La carta está fechada el día 24 de noviembre, no me consta el porqué de la demora de 20 días. El texto literal de la carta era:
“Distinguido Sr. González Jurado:
Me pongo nuevamente en contacto con usted para tratar de concretar la fecha para la reunión prevista con las cuatro organizaciones impulsoras del proyecto ‘Libro Blanco de la Profesión de Enfermería'.
En nuestra última reunión, además de ratificar la satisfacción por su interés en el proyecto, se cruzaron las agendas, dando como conclusión que las únicas fechas posibles para garantizar una representación de nivel adecuado por parte de las cuatro organizaciones son los días 11, 12 y 15 de diciembre; esperamos que estas fechas resulten compatibles con las de su agenda y que nos comuniquen su decisión tan pronto la hayan adoptado.
Durante la reunión y además de los temas que libremente deseen plantear ustedes, se propone realizar una puesta al día de los antecedentes y objetivos del Proyecto, así como sobre la metodología adoptada, tanto en la fase técnica preparatoria, como de cara al ‘Proyecto Libro Blanco de la Profesión de Enfermería’ en sí.
En espera de sus noticias, quedo personalmente a su disposición. Reciban un saludo de las cuatro organizaciones.
Juan Hernández Yáñez
Coordinador Técnico”

Por alguien, que no recuerdo pero creo que era personal de secretaría y tampoco anoté la fecha, se me comunica que el Presidente no podía reunirse en ninguna de esas fechas. Que ya nos comunicarían por escrito las fechas disponibles…
…esta es la última noticia que tengo (tenemos) del Consejo, telefónica o escrita. Personalmente, jamás he escrito, llamado, contactado, ni en persona ni a través de terceros, con esa gente de quien, si ya tenía una pésima opinión, más bien por anécdotas  y confidencias de terceros, a partir de entonces no quiero ni contarlo... Ahora se verá un magnífico ejemplo.

(Por cierto, para quien sí tuve la ocasión de seguir trabajando fue para Satse, realizando, aparte de encargos menores como unas proyecciones sobre desempleo enfermero, un estudio de imagen interna entre los afiliados del Sindicato que incluso presenté en su Congreso Nacional. Luego abandoné mi situación laboral de free-lance... pero eso ya queda al margen de la historia que nos compete en estos momentos).

EL DESENLACE.

El día 20 de marzo de 1998, el Presidente del Consejo General de Enfermería, Máximo González; el del Consejo Andaluz de Enfermería, Florentino Pérez; y el del Colegio de Sevilla, José Mª Rueda, presentan en Sevilla el “Libro Blanco. La aportación de la enfermería a la salud de los españoles”.
Eso sucedió justo ocho meses después del primer contacto invitando al Consejo a participar; y solo cinco meses (y un día, para ser más exacto) desde que la Vicepresidenta Tercera me comunicó telefónicamente el interés de la corporación por integrarse en el proyecto y pedía que formalizáramos la invitación para poder reunirnos. Evidentemente se trataba de una jugarreta. Por tanto, si fuera cierto lo que los insidiosos dicen, que pedí al CGE hacer el estudio, además de tener que darme verdadera prisa porque fue un proyecto turboasistido, habría tenido que enterarme de que pensaban hacerlo, lo que hubiera implicado necesariamente tener acceso personal a las decisiones de esta gente; lo cual es simplemente una estupidez y un atentado contra el sentido común. Pero da igual, con el "algo hubo" basta para sembrar la duda y la cizaña.
Bueno, era un Libro Blanco de la Señorita Pepis. Una simple “macroencuesta” a 3.337 enfermeras/os españoles y una publicación con los resultados que ni incorpora datos sociodemográficos o de contexto histórico y sociológico; ni habla de misión, objetivos, estrategia o recursos; ni analiza las visiones de todos los agentes implicados: sociedad, pacientes, políticos, directivos, estudiantes y otras profesiones... En definitiva, el único objetivo era pisar el nombre "Libro Blanco" para torpedear el proyecto al que se les había invitado, con las narices tapadas, en beneficio del conjunto de la profesión.
La jugada fue mezquina, pero efectiva. Aquello supuso, como se esperaba desde la mezquindad organizada, un mazazo. No voy a decir que fuera la única causa del languidecimiento del proyecto (algunos egos revueltos también jugaron su parte), pero creo firmemente que esta que he descrito fue la causa principal.

El día 3 de junio de 1998 envío una carta a las cuatro organizaciones en la que digo:

Como a estas alturas ya todos conocéis  –y como a aquellas alturas casi todos intuimos–, la Organización Colegial de Enfermería ha editado y presentado, con una “cintura” encomiable y unos recursos envidiables, su propio “Libro Blanco”. El hecho de que lo que ha presentado no sea, ni remotamente, un “Libro Blanco”, sino una encuesta realizada a 3.337 profesionales, así como que el “análisis” (¿?) contenido en la publicación  –opinión personal– sea lamentable, no resta un ápice al hecho objetivo de que tenemos un problema, especialmente con la lenta marcha que llevan nuestros trabajos y su incierto horizonte temporal. Un excelente trabajo, como el que sois sobradamente capaces de realizar, que sólo exista “en el mundo de las ideas” y no se concrete “en el mundo de lo real” no deja de ser un esfuerzo (personal, intelectual, económico) estéril (…)
Las cosas han cambiado, sin duda, con este comportamiento táctico de la OCE. Demuestra, en primer lugar, que el Proyecto les preocupa (habrá que preguntarles a ellos el porqué, si sólo puede beneficiar a la profesión); pero también nos sitúa en la ineludible necesidad de que nuestro trabajo no sea simplemente bueno, sino excelente y que ponga en evidencia este tipo de movimientos tácticos que apenas tienen valor: no basta con disponer de recursos financieros, sino que son precisos también recursos intelectuales. Vosotros estáis, más bien, escasos de aquéllos, pero claramente sobrados de éstos. La única conclusión comprometida y eficaz es redoblar los esfuerzos: las ideas están ahí y sólo hay que sacarlas al “mundo de lo real”, pero ello exige, posiblemente, un trabajo algo más decidido y constante.
Saludos,
Juan Hernández Yáñez”
El “Libro Blanco” que prometía ser de verdad… languideció; luego languideció más… y aunque hubo un intento in extremis (encierro en un hotel de Segovia, en noviembre de 1999) falleció, digamos por no hacer sangre, de muerte natural.

EPÍLOGO.

Desde aquella llamada de alguna secretaria, en diciembre de 1997, no volví a tener (afortunadamente) noticias del Consejo General ni de su presidente, ni directas ni a través de persona interpuesta, hasta 13 años después: exactamente el día 24 de octubre de 2010. Ese día presentaba “La enfermería frente al espejo: mitos y realidades”. El susobicho tuvo a bien enviar a tres mandaos (el trío calavera) con el noble propósito de mandarme afectuosos recuerdos y boicotear la rueda de prensa.
Aunque en realidad sólo se boicotearon a sí mismos, ya que estaba todo el mundo flipando con la situación y los personajes, empezando por los anfitriones, los hechos e intenciones fueron reconocidos (es sabido que a este hombre se le calienta la boca) un año después con un punto de chulería, aprovechando que me escribían para amenazarme con lo que aún tardarían un par de años más en llevar a cabo (“actuaciones civiles y/o penales”):
“Al parecer este señor guarda un rencor ilimitado al Consejo General y a su Presidente desde entonces y no desaprovecha ocasión para tratar de hacer daño. No hace mucho tiempo elaboró un informe sobre la profesión de enfermería, en la que los Colegios y el Consejo General fueron la diana principal y el día de su presentación pública en la Fundación Ideas del PSOE estuvieron presentes y por sorpresa para el interesado por el Consejo General, Rafael Lletget, José Luis Cobos e Íñigo Lapetra, quienes le rebatieron y dejaron en ridículo públicamente”.

Y ya está... hasta el 4 de abril de 2016 en que se me comunica la querella. Por su parte, las únicas noticias mías que tuvieron fueron a través de mis entradas en el blog, mis comentarios en redes sociales y mis conferencias, todas ellas perfectamente rastreadas, indexadas y archivadas por un competente equipo, remunerado con cargo, naturalmente, a sus cuotas colegiales de usted que me lee, si es enfermera/o colegiada (si no lo es, le afecta menos, siempre dependiendo de su tipo marginal en el IRPF porque dichas cuotas son deducibles de los ingresos de los colegiados y merman por tanto los presupuestos generales del estado).

POR TANTO:

Esta es la verdad, y toda la verdad, sobre el bulo que lanzaron los briosos muchachos de Il Dottore, mentira hoy convertida en walkingdead que nunca muere… salvo que les pegues un tiro en la cabeza, que es lo que pretende esta larga entrada en el blog.
Cuando vuelva a aparecer en forma de sospecha, afirmación o mediopensionista, en vez de hacerme mala sangre (mi reputación es para mí muy importante: vivo de ella y para ella; y carezco de patrimonio personal pero no de dignidad; a otros les sucede exactamente al contrario) me limitaré a decir:
“Esto es mentira. Si realmente quiere conocer la verdad, la tiene aquí:” [enlace a la entrada].
Y por lo que corresponde a Lilianne Bettremieux y Joaquín Villena, si tuvieran una micra de decencia debieran retractarse, reconocer que actuaron con insidia y maledicencia, por supuesto en los mismos medios en que han querido  –y en parte, por qué negarlo, conseguido–  hacerme daño. No se lo voy a pedir en base a la citada ley orgánica de protección del honor (¡que por supuesto debería!) porque prefiero pasar página... si me dejan, que visto lo visto creo que no: hay gente emboscada con una misión concreta de demolición, no existe otra interpretación posible de la cizaña que están tratando de introducir en los grupos más políticamente comprometidos de la  –su, no la mía– profesión.
Y a la inmensa mayoría de las enfermeras que me conocen, gracias de corazón. He dado mucho tiempo y esfuerzo, incluso, por cómo van las cosas, me he puesto en cierto riesgo defendiendo un futuro mejor para las enfermeras, para la Enfermería, para el Sistema Nacional de Salud y para el país y su gente; pero no solo he recibido a cambio reconocimiento y consideración, lo más importante y gratificante es todo el afecto personal y apoyo humano que he respirado.

ADDENDUM: CURIOSIDADES DE LA VIDA.

  • Los tuits de Villena tuvieron lugar 48 horas después de recordar yo los tejemanejes del Congreso Mundial de Enfermería de 1993, en los que el Consejo General de Enfermería, a cuyo frente ya estaba entonces su actual presidente, dejó sin justificar 120 millones de pesetas y tuvo  –tuvieron los colegiados españoles, quiero decir–  que aportar 80 millones para cubrir las pérdidas. De hecho la cadena de tuits comenzaba con un enlace a esta entrada del blog.
  • Las insidias de Bettremieux tuvieron lugar exactamente el mismo día que la revista Interviú dedicó cuatro páginas a todo color haciéndose eco de las denuncias de corruptelas y malas prácticas institucionales en ciertos ámbitos colegiales, algo que ella misma, hasta hace dos telediarios, venía denunciando también. En dicho artículo se recogían unas manifestaciones mías en las que tachaba al Consejo General y a los treinta y tantos colegios afines como una “enorme anomalía institucional que ya dura treinta años”.
Eso, curiosidades de la vida.


martes, 16 de agosto de 2016

Lectura de verano: Historia de una enfermera (XXXV)

 Capítulo XII
Fly me to the moon (3)
(Si no leyó la entrega anterior pinche aquí.
Luego le traemos de vuelta)




De este modo conocí los entresijos de la unidad, sufrí sus problemas y carencias, su mala organización. El peso de las inercias y quiénes ganaban y perdían con el mantenimiento de statu quo. También conocí la supremacía de una casta médica de las de antes, de las de los años 70, que aun siendo solo unos pocos (la mayoría de los médicos era gente de su tiempo, con sus tics pero "normales"), al ser quienes mandaban sobre su estamento se miraban a las enfermeras con una cultura anquilosada de cofias y tocas de antaño, esperando en cada gesto una pleitesía que rendir. Desde el primer momento pretendieron blandir su estatus autoimpuesto sobre mí, como sobre el resto del personal.
Pero toparon conmigo... y yo no tenía miedo.

viernes, 12 de agosto de 2016

Lectura de verano: Historia de una enfermera (XXXIV)

 Capítulo XII
Fly me to the moon (2)
(Si no leyó la entrega anterior pinche aquí.
Luego le traemos de vuelta)


Uno de los bloques asistenciales (en adelante le llamaré la Unidad para ser fiel a mi aburrida terminología) estaba conformado por tres “servicios” (nombre antiguo, muy poco cool ya entonces), con un total de 62 camas, cuatro bloques de consultas externas, dos unidades de día, etc., atendidas en total por 18 médicos especialistas y (más o menos) 41 enfermeras y 19 TCAE.
El caso, perdona si te estoy aburriendo con tanto detalle, es que por parte de la dirección de enfermería del hospital se ofreció a cada “bloque” de los que optaran por proponerse para participar en el proceso de cambio (incluida mi futura Unidad) la contratación de una enfermera que asumiera el rol de líder, coordinando los tres “servicios”, no tanto en el día a día, que para eso había otras tantas supervisoras, como en los pasos que hubo que ir dando para superar la acreditación.

jueves, 11 de agosto de 2016

Lectura de verano: Historia de una enfermera (XXXIII)

 Capítulo XII
Fly me to the moon (1)
(Si no leyó la entrega anterior pinche aquí.
Luego le traemos de vuelta)




Pensé que iba a volver a contarte mis experiencias como enfermera asistencial  –que, entre tú y yo, es lo que siempre me motivó más profesionalmente–, pero al releer casi por casualidad el texto que te envié hace unas semanas sobre mi experiencia gestora [se trata de los dos capítulos anteriores de esta Lectura de Verano 2016 que empiezan aquí; nota del editor del Blog] reviví toda aquella amargura. Gran amargura y gran enseñanza.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Lectura de verano: Historia de una enfermera (XXXII)

Capítulo XI
Restos del naufragio (4)
(Si no leyó la entrega anterior pinche aquí. Luego le traemos de vuelta)



El tiempo me ha dado la razón, y la decisión que me obligaron a tomar hace que en mi fuero interno, a ratos me sienta orgullosa de ser tan necia. Sin embargo, no escuché agradecimiento alguno. Nunca hubo cena de despedida, ni frases de adiós, ni más adelante, al reencontrarme con algunas de esas personas que creí parte de mi equipo, recuerdo alguno al período que pasé allí.
Ahora son conocidas, amigas incluso algunas, pero esos años han quedado como una nebulosa, se quejan entre dientes por lo que tienen ahora, pero no demasiado alto, sabedoras de cuál es mi contestación, algo abrupta para dejarla escrita, por lo que no suelen contarme nada cuando nos reencontramos. Y si se trata de algún directivo (más bien, exdirectivo), pasa de puntillas a mi lado, como si nunca hubiese compartido despacho con ellos... y el caso es que es cierto, mi despacho estaba al lado de mi equipo de compañeras.
Si me preguntas qué volvería a hacer, te contestaría que volvería a decir que sí, que volvería a ser supervisora, que lo que me llevé de allí es la mejor escuela de gestión por la que se puede haber pasado en la vida. Que se me abrió la puerta a un mundo desconocido en el que he ido creciendo profesional y formativamente.
Pero si me preguntas qué no haría otra vez, Juan, te contestaría que intentaría mantener un poco la distancia; tratar de entender pero sin posicionarme; escuchar pero sin querer complacer; ponerme una coraza para no recibir los golpes; nunca dar una orden o noticia sin tener la plena seguridad de lo que hago; tener siempre información, a ser posible escrita; hacer caso de los buenos consejos, como el que me dieron a los pocos meses de llegar al servicio: “Créete que eres la jefa, si no te lo crees tú la primera, nadie más te va a tomar en serio”.
No lo digo por decir… Cuando, algunos años después, tuve la oportunidad de asumir un reto de gestión de mucha mayor enjundia, créeme que recordé bien estas palabras que entonces pensé y ahora te acabo de escribir.

Próxima entrega: "Fly me to the Moon" (1)


martes, 9 de agosto de 2016

Lectura de verano: Historia de una enfermera (XXXI)

Capítulo XI
Restos del naufragio (3)
(Si no leyó la entrega anterior pinche aquí. Luego le traemos de vuelta)  



...hasta que en octubre me cansé: salí de una reunión en la que se me ordenaba tomar una decisión que estaba segura de que no era correcta, por muchos motivos, motivos que expuse y defendí a capa y espada. Y me cansé, no me gustaron las formas, ni los modos, ni me gustaba que mi opinión se obviase como si la única que ponía sobre la mesa los problemas fuese yo. La dirección desoía mis recomendaciones, no atendía a las quejas que trasladaba desde el personal, no escuchaba ni daba valor a mi opinión profesional, así que terminé por cansarme.

lunes, 8 de agosto de 2016

Lectura de verano: Historia de una enfermera (XXX)

Capítulo XI
Restos del naufragio (2)
(Si no leyó la entrega anterior pinche aquí. Luego le traemos de vuelta)  


En la Unidad, alentada por las propias compañeras, conscientes de que el tema administrativo me estaba engullendo, y como último intento para tratar de mantenerme en pie, conseguí que nos pusieran un auxiliar administrativo. Así que, en ese sentido, pero solo en ese, las cosas fueron más sencillas porque ya conocía las rutinas y entre las dos organizamos tablas y carpetas compartidas que nos ayudaban a gestionar muy eficaz (y cómodamente) la enorme carga de papeleo.