Es todo un clásico entre los más afamados actores y artistas de todo pelaje distinguir entre sus trabajos "artísticos" y sus, menos brillantes, a veces realmente humillantes, producciones "alimenticias". Como también entre ilustres deportistas, a quienes no les importa salir en gayumbos o con cara de memo en anuncios "alimenticios". Por no hablar de periodistas que, tras haberse curtido en trabajos dignos, probablemente no muy bien pagados, deciden que ha llegado el momento de aceptar encargos "alimenticios" en los que no existen límites éticos ni estéticos.
viernes, 11 de septiembre de 2015
jueves, 10 de septiembre de 2015
En mi 'blog de guerrilla': Supremacismo en el siglo XXI
Hoy, en mi 'blog de guerilla' he escrito sobre un tipo (médico, por cierto) que ha depuesto en un diario digital un artículo "de opinión" ridiculizando el nombramiento de un enfermero como director provincial de Sanidad de una Comunidad Autónoma. Si le interesa, puede leerla pinchando sobre este enlace.
martes, 8 de septiembre de 2015
Lectura de verano: historia de una enfermera (XXIV)
Capítulo IX
Aurora en la administracion: lecciones aprendidas (2)
Si es nuevo en la serie, disfrute la primera temporada completa
-
Porque paso bastante, me llevo bien con la gente pero le echo un poco
de morro…
- Y
eso, ¿por qué?
-
Me aburre el trabajo y me fastidia la supervisora, está
en guerra conmigo desde el mismo día que entré en la unidad.
Me gustaría tener otro trabajo más creativo y
diverso o más… no sé…
menos físico, con más retos
profesionales… Esto es a,
b, c...
-
¿Por qué crees que te aburre este trabajo?
-
¿Sinceramente? No me gustan los viejos, no me gusta cómo huelen,
cómo finjen
que chochean para
tratar
de engañarte, cómo esperan todo el rato que les des sus caprichos y
gritan cuando no vas al minuto… No
me gusta el escaqueo sistemático de los familiares, a fin de cuenta
el problema es suyo… La
verdad, no es que me aburra, es que no me gusta, lo aborrezco.
-
¿Por qué crees que aborreces tanto a los viejos?
-
He perdido mi alma enfermera [jejeje, risa nerviosa], ya no me gusta mi profesión… Es
un completo suplicio venir cada día, me afecta ya en mi vida
personal, con mi mujer y los niños… Me gustaría saber dedicarme a
otras cosas pero tengo claro que lo único que sé hacer es esto, no
valgo para nada más ni tengo fuerza de voluntad para estudiar otra
cosa. Así que es un suplicio saber que tendré que estar al menos 20 años en esta mierda de profesión.
-
¿Y por qué crees que aborreces
tanto tu profesión?
- A
ver… Yo pedí el traslado
aquí porque es un sitio mucho más tranquilo que la planta
de Trauma del hospital en la que trabajaba. Esto es muy, muy tranquilo,
el turno de noches
es fijo, así que no te toca
cada tres semanas, todo está
súperpautado
y el trabajo duro lo hacen las auxiliares, para qué engañarse… Sé
que sacrifiqué mi alma
enfermera, si es que algo así
existe, en el altar de la
comodidad,
pero, créeme, estaba agotado, llevaba
11 años con noches, festivos, navidades… Tenía
ya dos hijos que también agotan al más pintado, mi situación laboral exigía un
poco más de orden y me busqué la vida: quise ir a primaria pero en
el concurso de traslados no
tenía los puntos suficientes ni de coña, había un montón de viejas que suspiraban por prejubilarse ahí…
Así que aterricé aquí, que
no quiere venir casi nadie con plaza fija. Y ahora añoro mi complicada y atroz planta de Traumatología. Allí era
enfermero, me enfrentaba a toda clase de incidencias y retos, tanto
de los pacientes, muy
variados y con problemas que obligaban a pensar y planificar,
como de los cabrones de los médicos que solo pensaban en cómo
quedar por encima de ti, de aplastarte para que reconocieras por fin que no eras más que su ayudante o su secretaria, que lo tuyo era un oficio, no una profesión como la suya; había que
ser bueno para que te respetaran.
Y yo lo era, era muy muy bueno, Aurora. Y me respetaban. Allí
era un luchador, pero aquí soy una especie de autómata, un
auxiliar bien pagado. Odio este sitio pero estoy encadenado a él mientras no tenga puntos suficientes para irme a primaria. Y calculo que aún me quedan cinco o seis años, joder...
En fin, Juan, aquello fue la gota que colmó el vaso. Me di cuenta de que no tenía recursos para solucionar situaciones gravemente dañinas para todos. Y decidí regresar a lo que sé hacer, creo que muy bien: atender a las personas.
Ye te iré contando... Besos,
Aurora
FIN DE LA SEGUNDA TEMPORADA
lunes, 7 de septiembre de 2015
Lectura de verano: historia de una enfermera (XXIII)
Capítulo IX
Aurora en la administracion: lecciones aprendidas (1)
Si es nuevo en la serie, disfrute la primera temporada completa
Incluso, fíjate, aprendes a
entender un poco más a los pasotas, happyflowers y demás
fauna “disfuncional” que tanto nos irrita cuando compartimos
control o sala. Muchos han intentado modificar sus conductas mediante
la persuasión, la exhortación, el palo y la zanahoria. Y han
fracasado una y otra vez, por lo que finalmente se les pone la
etiqueta de “irrecuperables” y el principal objetivo es que
fastidien lo menos posible.
No se dan cuenta de que no es
posible modificar –al menos de
manera que persista en el tiempo– conductas, si no se modifican
antes actitudes; y ahí no se trabaja, sigue vigente una
concepción primitiva de tipo pavloviano
condenada al fracaso.
Me niego a creer que haya chicas y chicos de 20 años con tan mala baba que se decidan a estudiar enfermería para putear a los pacientes, a sus compañeros y al "sistema". A ver, alguno habrá con un gran "crujido mental" de este tipo, pero creo absolutamente que no es así de manera significativa. Luego habrá que pensar que en la generación de "disfuncionales" y "anómicos" tendrá mucho que ver la interrelación persona-sistema, ¿no? Durante su socialización en el pregrado (fun-da-men-tal) y durante su primera experiencia laboral. Ya sé, ya sé... el sistema no se va a adaptar a las peculiaridades de cada uno de sus trabajadores, faltaría más, pero sí hay que decir que culpar en exclusiva a las personas de su evolución a lo largo del sistema no es sino engañarse. La micro-gestión era entonces una porquería amateur en manos de enchufados-jetas o pardillos-voluntaristas y me gustaría pensar que hoy en día ya no es así... pero no estoy muy segura.
Cuando te acercas “desde fuera” y aplicas el famoso método de los cinco porqués, en un entorno íntimo y seguro, sorprende la cantidad de información que extraes.
Te
voy a contar una historia real: Moisés,
39 años, 16 de profesión. Llevaba cuatro años en un centro de media
y larga estancia. Desde que llegó había seguido una evolución muy negativa
en cuanto a esfuerzo y rendimiento que le había llevado a ser una grave
fuente de conflictos en la unidad, no tanto en el plano relacional con los compañeros, como
por parte de la supervisora, harta de aguantar las quejas de médicos, de auxiliares –a las enfermeras las camela bien– y de familiares de pacientes:
sábado, 5 de septiembre de 2015
Lectura de verano: historia de una enfermera (XXII)
Capítulo VIII
Aurora en la administracion (5)
Si es nuevo en la serie, disfrute la primera temporada completa
Aún me quedé unos meses, casi casi
un año, mareando la perdiz, hasta que pedí volver a la clínica.
Por lo que vi, podría haberme quedado, no sé si toda la vida, pero
desde luego unos cuantos años más viviendo del cuento; se me hizo
algún encargo concreto, más bien de documentación o de redacción de
discursos y preparación de powerpoints para los jefes y para la enfermera alfa, preparé algunas cosas mías para congresos,
participé en un par de mesas redondas... y poco más.
¿Mi experiencia en “La
Administración”, ese ámbito profesional difuso que no es
exactamente gestor, tampoco directivo? Agridulce. Yo diría que un
balance personal más positivo que negativo, a pesar de los
vividorazos que encuentran aquí su sustrato perfecto, y que incluso
lo negativo ha acabado teniendo algunos efectos positivos en mi
manera de ver las cosas.
Aprendí un montón. A ver… No
aprendí “cosas” concretas que me sirvieran luego para empezar a
hacer mejor las "cosas" de siempre o hacer “cosas” nuevas, pero sí me dio una cierta
madurez intelectual, una manera diferente de mirar las cosas,
incluso, fíjate Juan, aprendí a mirar la enfermería desde fuera,
eso que tú siempre dices que es tu principal ventaja.
Cuando te acercas a otras
enfermeras, a mirar lo que hacen y cómo lo hacen (y lo que no hacen
y por qué no lo hacen), no con ojos de compañera o de jefa, sino de
“investigador”, entiendes muchas cosas que antes no entendías.
El enorme mérito que se esconde en pequeñas tareas que pasan
desapercibidas pero que esconden una actitud firme y entregada: la
grandeza de lo pequeño y cotidiano. Todo eso que se reserva dentro
del "equipo" y que nosotras mismas no valoramos porque forman
parte de “lo de cada día” y que, por tanto, no enseñamos a
valorar y apreciar fuera de nuestro pequeño mundo.
Entre otras cosas, los "marrones", de los que no se trata solo de salir como mejor se pueda para uno/a mismo/a –algo muy de médicos si se me permite, la famosa "teoría del browning"–, sino de salir solidariamente, tratando de fijar soluciones para que el resto del equipo no caiga otra vez en las trampas que todos (¡todos!) los demás nos ponen para zafarse de sus propias responsabilidades. (¡Tu calidad de vida al respecto depende mucho de la supervisora con la que cuentas como presa de contención!). Empezando por los médicos, como ya he dicho, pero siguiendo con los administrativos, sobre todo de Admisión, Urgencias y Archivo, y acabando con los celadores, pinches y demás fauna parasanitaria, que son como los pimientos de padrón: unos pican y otros no. Si no pican... bueno, tienen una gran capacidad para hacerte la vida muuuuy difícil y el turno muuuuy largo, parece mentira pero es así.
Caso aparte en esta estrategia escapista son los familiares de los pacientes, pero a fin de cuentas estos no cobran, sino que son, como se hartan de racalcar para reforzar sus tácticas egoístas, en muchos casos legítimamente porque están simplemente agotados, quienes "me pagan el sueldo".
Luego
hay quien dice que no podemos ocupar posiciones de responsabilidad
gestora... Ningún estamento como la enfermería está tan habituada
a hacer gestión en su día a día asistencial. Y en general,
saliendo airosos, solucionando los problemas y tapando las carencias
y vergüenzas ajenas.
Ay,
perdona, Juan... aquí ya he mezclado lo objetivo con lo subjetivo, se me va la pinza... Mañana trataré de subsanarlo.
viernes, 4 de septiembre de 2015
Lectura de verano: historia de una enfermera (XXI)
Capítulo VIII
Aurora en la administracion (4)
Si es nuevo en la serie, disfrute la primera temporada completa
“El equipo de la dirección general ha revisado todo el material y lo primero que tengo que hacer es daros la enhorabuena por el trabajo realizado. Es una gozada poder haber reunido tanta materia gris, personas tan capacitadas, blablabla...
Lo único, sin duda culpa nuestra eh… quizás no lo explicitamos de manera clara al comienzo, claro… es que el desarrollo de algunas de las propuestas del documento, eh… implicaría unos costes que, por lo que nos comenta el director general económico de la Consejería, eh… tal vez… bueno, no tal vez, seguramente… eh… no sería fácil… bueno, sería imposible de presupuestar en un entorno financiero restrictivo blablabla...
En nuestra opinión, en esto está de acuerdo el Consejero, eh… creo… creemos que habría que pulir algunas de estas propuestas, ahora lo comentan los técnicos de la dirección general más en detalle… habría que someter a debate público, estamos en una sociedad democrática, las propuestas definitivas que salgan adelante.
Así que publicaremos y presentaremos el documento.. un libro… lo pasaremos a los agentes sociales y a los medios de comunicación para el debate… como he dicho… y daremos un plazo razonable para que podamos incorporar las propuestas… eh… razonables y presupuestariamente… eso... razonables… eh… y prepararemos un documento de amplio consenso que la Consejería… el Consejero pueda presentar al Consejo de Gobierno, eh… para que este nos autorice a preparar un proyecto de ley que en un plazo razonable pueda ser presentado a la Asamblea Regional para su debate, eh… tal vez en la Comisión de Sanidad… probablemente… presentado, claro, a los medios de comunicación con el énfasis que un trabajo tan riguroso se merece y… eh… que al tiempo sea un refuerzo de nuestra política sanitaria progresista y del equipo de la Consejería”.
O sea, que lo que querían era un
libro para que, como sucedió un par de meses después, el consejero
y el propio director general salieran en la televisión y prensa locales,
en la prensa sanitaria y la sección de sanidad de algunos periódicos de ámbito nacional. Y en algún que otro
congreso sanitario. Punto.
¡Un puto libro!, perdón por la licencia...
¡Un puto libro!, perdón por la licencia...
jueves, 3 de septiembre de 2015
Lectura de verano: historia de una enfermera (XX)
Capítulo VIII
Aurora en la administracion (3)
Si es nuevo en la serie, disfrute la primera temporada completa
Si se perdió las entregas anteriores de esta segunda temporada puede recuperar aquí la primera entrega y aquí la segunda

Jueves,
17.00 horas de la tarde. Grupo de Trabajo de sistemas de información
en cuidados crónicos.
Nueve asistentes: tres
médicos de la dirección de
Planificación; el
subdirector general de
organización y métodos; una
trabajadora social, un
geriatra y un
tercero sin perfil conocido;
un psicólogo clínico; un
informático (creo); un
asesor jurídico
(sí, un abogado); y dos enfermeras, una servidora entre ellas. La
otra enfermera era
subdirectora asistencial de un hospital de media y larga estancia.
Para mí, la única que
realmente sabía algo de entre
todos todos nosotros. O al
menos así me lo pareció... después de descartar que muchos de los
otros tuvieran la más mínima idea sobre el tema (y percibir claramente que, además, les habían llevado allí a rastras, como para hacer bulto).
“¿Café, alguien? Agua tenéis en la mesa auxiliar... Estamos a la espera del director general, que se ha mostrado muy interesado en venir a conoceros y en dar su visión sobre el magnífico trabajo que estáis realizando. También podréis preguntarnos todo aquello sobre lo que tengáis dudas y luego mantendremos un debate para ver cómo podemos encauzar mejor los resultados intermedios que estamos obteniendo. Eh... ¿café, alguien más?”.
Tras 20 minutos de espera aparece el
gurú, mediana edad (unos 50), cara de listo, feo como un
diablo pero encantado de haberse conocido. Sonrisa forzada pero que
él ensaya para que quede cercana. Viste a medias entre formal e
informal (americana y corbata aflojada con chaleco de punto y
mocasines; no te lo vas a creer, pero los calcetines eran blancos, lo
juro).
Nos pregunta a aquellos a quienes no
nos conoce nuestra filiación profesional-administrativa y nos dice
“encantado” y “gracias” a todos y cada uno. Bebe café, bebe
agua y empieza a hablar.
Te juro, Juan, que en ese exacto
momento sentí que aquello no tenía buena pinta...
miércoles, 2 de septiembre de 2015
Lectura de verano: Historia de una enfermera (XIX)
Capítulo VIII
Aurora en la administracion (2)
Si es nuevo en la serie, disfrute la primera temporada completa
Dieron comienzo los trabajos. Visitas a centros sociosanitarios, hospitales de media y larga estancia, unidades de cuidados paliativos, una breve visita a dos hospitales de diputaciones provinciales de otras comunidades autónomas donde se estaban desarrollando interesantes experiencias (y se comía un magnífico cochinillo) y mucho trabajo de despacho, cuestionarios que enviar y recibir, bibliografía y documentación que revisar, subrayar y resumir en fichas... Semanas y semanas de trabajo bonito, creativo, tareas en la cual la mayoría de nosotras, las enfermeras, aprendimos más de lo que aportamos.
Los resultados intermedios que
íbamos obteniendo los trasladaba nuestra Coordinadora a los
plenarios con las diferentes unidades directivas del Servicio de
Salud. Lo que en esas reuniones sucediera quedaba absolutamente fuera de nuestro alcance. El feedback era absolutamente inexistente. Siempre había ido "todo muy bien", lo cual nos tranquilizaba mucho.
Y llegó el momento de empezar a dar
forma al documento definitivo, para lo cual habría que crear varias
comisiones mixtas; así que había llegado el momento de confrontar
todo lo que aprendimos sobre enfermería sociosanitaria con el resto
de la organización.
Un desastre. Sin paliativos (ni
cuidados, ni de los otros). Pongo un ejemplo y resumo en él el resto
de las surrealistas comisiones mixtas... así como el resultado final
de todo esto.
martes, 1 de septiembre de 2015
Lectura de verano: historia de una enfermera (XVIII)
Capítulo VIII
Aurora en la administracion (1)
Tras el paréntesis de agosto, continuamos con la temporada 2.
Si es nuevo en la serie, disfrute la primera temporada completa
En el año 1994 mi vida profesional se volvió de lo más estimulante: me invitaron a incorporarme en comisión de servicios, “durante un período no inferior a seis meses ni superior a un año” (aunque al final duró casi dos años y medio), a los Servicios Centrales de la Consejería de Salud como asesora para la estrategia de asistencia sociosanitaria que se estaba diseñando.
No lo entendí muy bien, ya que entonces mi experiencia práctica sobre el tema era muy limitada, pero pensé que era un orgullo, y muy necesario, que contaran con enfermeras a la hora de diseñar estos programas. En aquellos momentos, había salido como alma que lleva el diablo de hemodiálisis y llevaba un año y medio en la Unidad del Dolor. Morfina, cáncer, viejos, paliativos... “¡sociosanitario total!”, debió ser el endeble esquema mental de un(os) valedor(es) que sinceramente nunca llegué a saber quién(es) fue(ron).
Tras algunos papeleos que se demoraron “lo normal”, aterricé en la Consejería después del verano de 1994. Me incorporé a un reducido grupo de enfermeras procedentes, como yo, del ámbito asistencial, a excepción de nuestra Coordinadora, una enfermera más o menos de mi edad que tuvo el buen juicio de aprobar una de las últimas oposiciones de enfermera de Asistencia Pública Domiciliaria, los famosos APD (*). A hombros de buenos padrinos y/o madrinas, duró en la asistencia menos que un iPhone6 en la puerta de la SGAE... Así llevaba desde 1983 o 1984, primero en el Ministerio, después en la Escuela Nacional de Sanidad, de vuelta al Ministerio, luego en la Consejería de Sanidad de Castilla-La Mancha, una breve incursión en la Dirección de Enfermería del Hospital Carlos III (entonces, creo recordar, "Hospital del Rey") y finalmente en la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid.
Ella era, en estos entornos gubernamentales, la voz de la enfermería “progresista” nacional. En realidad, como entendí al poco de empezar a trabajar con ella, la enfermería era una buena disculpa para alguien que no aspiraba a grandes responsabilidades políticas ni técnicas, sino más bien a vivir del cuento con un perfil bajo, como se dice ahora. Un discurso absolutamente oxidado y estereotipado que, no obstante, era recompensado con grandes aplausos allí donde le dejaban evacuarlo, gracias al "nena, tú vales mucho" con que salpicaba su discurso para dar una pequeña satisfacción emocional al sufriente auditorio enfermero. Y, eso sí, claro, un sueldito, con unos complementos de productividad y trienios crecientes; un despachito; congresos y comisiones mixtas de transferencias para viajar algo; gente a la que mangonear y con la cual firmar los artículos que escribíamos todas menos ella... Todo un personaje.
Lo malo es que daba el perfil de lo
que los organismos públicos podrían esperar de las enfermeras, algo
tan injusto como inevitable: ella era La Enfermería, así con
mayúsculas y en negrita. No era una gran intelectual ni tenía una gran preparación técnica, pero era lista, obsequiosa y obediente. Y tenía buen ojo ‒no lo digo por mí, malpensado, no soy tan fatua‒ para rodearse de gente que supliera sus (importantes) carencias.
(Creo que unos años después
aterrizó en el Ministerio, donde ha vuelto a tener estos últimos años una gran
presencia, metamorfoseada en esta época mariana como la voz de la
enfermería "técnica". En fin...)
(*) En realidad ATS/DUE Titulares [nota del revisor].
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