[Ver la primera parte pinchando en este enlace]
Capítulo II (1)
Ser enfermera en la España de los ochenta: la 'precariedad' laboral.
Los
ochenta fueron
los años de oro de la Enfermería española; con sus luces y sus
sombras, sin duda, pero
muchas más de aquellas que de estas.
En esta carta te hablaré
del apasionante contexto político del momento.
Iba a decir “tal como lo
viví”, pero no; cierto es que lo presencié, pero yo era demasiado
joven para tener perspectiva y solo de adulta he sido capaz de
comprender el enorme salto adelante que vivía la profesión mientras
yo me afanaba en hacerme mayor en lo personal y lo profesional y no perecer en el intento. Es decir, para "vivirlo", desde una perspectiva experiencial (perdón por el palabro).
Vayamos por partes. Entré,
como
ya te dije, en el año 1979
en la Escuela de Enfermería, donde me diplomé tres años después,
aunque una primera y desafortunada relación con un chico egoísta e
inmaduro me hizo perder el sentido de la realidad y por poco si
abandono los estudios. Afortunadamente conseguí reconducir las cosas
y, aunque en septiembre y por los pelos, terminé la Carrera en 1982.
Y, naturalmente, corrí a colegiarme y a apuntarme en la Bolsa de
Empleo.
Las
Bolsas de Empleo para enfermeras, y creo que también para los
médicos, las llevaban entonces los colegios. Era un tema muy
importante porque en aquella época aún se conseguía la plaza fija
en enfermería al
cabo de unos pocos años gracias a los 0,35 puntos que te daban por
cada mes completo trabajado y a puntos adicionales que conseguías
yendo a cursos, que generalmente organizaba el propio colegio o los hospitales del Insalud (pronunciado Insálud, vaya usted a saber por qué), publicando artículos, etc. O sea, ibas acumulando puntos y cada equis
tiempo (una vez al
año, creo
recordar, o igual era todos los meses, ya me falla la memoria) se ofertaban plazas "en propiedad" (¡qué certero es a veces el lenguaje!) y se cubrían, sin oposición ni más zarandajas, mediante el Concurso Abierto y
Permanente (CAP), siendo adjudicadas a quienes en ese momento tenían las mayores puntuaciones. Simplemente enlazando contrato temporal tras contrato temporal, ya que en aquella época no había paro o era anecdótico, obtenías acceso a
una interinidad, de la cual salías hacia la plaza fija cuando tu
puntuación era ya la necesaria para obtener vacante en el CAP.
Trabajo casi permanente,
aunque temporal, con 22 o 23
años y plaza fija de por
vida con 26 o 27 años sin tener siquiera que preparar oposiciones: igualito que ahora, ¿no? Pues que sepas que
entonces nos quejábamos un montón de la precariedad... ¡qué
cosas!
En mi caso, obtuve la plaza fija en 1987, con 26 años recién cumplidos.
[Próxima entrega: "El Colegio"]
