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viernes, 12 de mayo de 2017

Las enfermeras también existen (y hoy es su día)

(Este escrito estaba planificado desde hace unas semanas para su publicación como tribuna de opinión en un medio de ámbito nacional coincidiendo con el día de la enfermera. Pero la “sugerencia” de ciertos cambios, no de estilo sino de contenido, que desvirtuaban la visión y opinión sostenidas, y mi negativa a aceptarlos han supuesto el veto a su publicación. No, por cierto, del propio medio, sino del colaborador externo que coordina las aportaciones en materia sanitaria).


Hoy se celebra el Día Internacional de la Enfermera, en conmemoración de la comúnmente aceptada, aunque fácticamente dudosa, creadora de la profesión enfermera, Florence Nightingale. Por otro lado, dentro de dos semanas se inaugurará el Congreso Mundial de Enfermería,  que reunirá a miles de enfermeras  −está por ver cuántas de las 15.000 anunciadas− de todo el mundo en Barcelona. Los medios no suelen prestar gran atención a la enfermería aun cuando es un tema interesante desde el punto de vista político, económico y sociológico; por eso, aprovechando esta doble coincidencia me han pedido unas breves reflexiones de interés general.

Durante décadas las enfermeras se enfrentaron en muchos países a una situación un tanto irritante: allí donde los médicos eran más reacios a instalarse, por ser zonas menos rentables o más inhóspitas, las consultas médicas eran atendidas por enfermeras adecuadamente preparadas para ello. Ese es por ejemplo el origen de las Nurse Practitioner, enfermeras de práctica avanzada, en EEUU.
Sin embargo, en zonas carentes de esos problemas las organizaciones médicas se negaban, respaldadas generalmente por los poderes públicos, a que las enfermeras en general pudieran realizar esas mismas tareas (además de las propias, claro), a pesar de que habían demostrado que podían hacerlo de manera eficaz, eficiente y prudente. Por eso hablo de “irritante”: o soy competente  −y puedo siempre, no solo cuando interesa− o no lo soy –y no puedo nunca, tampoco cuando convenga−.
Hoy en día la situación ha cambiado radicalmente; en muchos países se acepta sin problemas que las enfermeras atiendan clínicas, consultas o centros geriátricos sin necesidad de supervisión médica; que prescriban y realicen pruebas diagnósticas, receten medicamentos o reemplacen en muchas de sus tareas a especialistas médicos, como psiquiatras, oncólogos o anestesistas.
Recorrer este camino no fue fácil. En primer lugar por resistencias internas: muchas organizaciones enfermeras denunciaban que explorar esa vía impropia de desarrollo profesional suponía poner en riesgo los “valores” o “esencias” enfermeros. Las resistencias, no obstante, se fueron aplacando al asumir que no se trataba de sustituir los roles tradicionales, sino de ampliar horizontes para miles de enfermeras que libremente decidían orientar su práctica hacia esos territorios más “biomédicos”. Lejos de su pretendida pureza uniformadora original, la de enfermería es, y lo va a ser cada vez más, una profesión “mestiza”, muy heterogénea. Y al lado de sus roles más tradicionales irán abriéndose nuevas vías de práctica en territorios como la salud pública, la atención en la comunidad, la gestión clínica, etc.
En segundo lugar por la natural hostilidad y resistencia del lobby médico, pero esto se combatió de la manera más simple, lo que no quiere decir más fácil: mediante la construcción de un lobby enfermero capaz de pelear cuerpo a cuerpo en el despiadado ecosistema profesional sanitario, de influir más decisivamente sobre los reguladores y de ganar la batalla más decisiva, la de la opinión pública: que te acepten como proveedor confiable. Por eso, como escribió hace un par de años el economista Uwe E. Reinhardt, «The doctors are fighting a losing battle. The nurses are like insurgents. They are occasionally beaten back, but they’ll win in the long run. They have economics and common sense on their side» (Los médicos están peleando una batalla perdida. Las enfermeras son como insurgentes. A veces puedes golpearlas, pero en el largo plazo ganarán. Tienen la economía y el sentido común de su parte).
¿Y con la enfermería española, qué pasa? Buena, conveniente e interesante pregunta.
Entre 1977, año en que la formación de las enfermeras se convirtió en universitaria, y 1987, en el que se aprobaron legalmente las especialidades oficiales por el sistema médico de residencia, la enfermería española vivió su verdadero decenio de oro: acceso a los cuerpos docentes universitarios y decanatos; formación a cargo básicamente de enfermeras; direcciones de enfermería en los hospitales; consultas propias en atención primaria; sindicato profesional bien implantado; notables incrementos salariales...
En definitiva, se consiguieron muchas de las principales reivindicaciones de una profesión que el ministro Ernest Lluch utilizó como contrapoder joven, femenino y progresista frente al predominio de unas élites médicas filofranquistas y consentidas, sumamente hostiles frente a cualquier intento de reforma del statu quo.
Todo iba viento en popa hasta que llegó el gran frenazo.
En los últimos 30 años, solo una de las reivindicaciones históricas de las enfermeras, el segundo ciclo universitario, puede considerarse satisfecha. Y además no fue un logro de las élites enfermeras, aunque se haya querido vender así con una cierta desvergüenza, sino la derivada lineal de la reforma del Espacio Europeo de Educación Superior (“Bolonia”).
Del resto (especialidades; prescripción enfermera; rol directivo en gestión clínica; centralidad en la atención a la cronicidad; competencias de práctica avanzada; carrera profesional; stock y ratios de enfermería; capacidad de influencia política…), nada se ha culminado satisfactoriamente para la profesión.
Por no hablar de una extraordinariaprecarización del mercado de trabajo, especialmente en el sector público, que afecta de manera más intensa a la enfermería por el carácter generalista de su formación.
Hay que reconocer que las enfermeras españolas han progresado mucho durante todo este tiempo, no solo ampliando sus roles asistenciales, también en la docencia y la investigación, con cientos de doctoras y miles de especialistas. Han asumido liderazgos potentes en continuidad de cuidados o atención a crónicos en algunos servicios de salud. La ciudadanía expresa en las encuestas un gran depósito de confianza. Y en general se han ganado día a día el respeto de los médicos y otros profesionales (excepto los que han decidido mantenerse en La Caverna). Pero en puridad se trata de un avance, y de un esfuerzo, de las enfermeras, no de la Enfermería.
Parafraseando al Zavalita de Conversación en la Catedral: «¿En qué momento se nos jodió la enfermería?». Mi respuesta: cuando para reguladores y gestores se convirtió en una suerte de navaja suiza que vale lo mismo para un roto que para un descosido. Mano de obra barata, competente, disciplinada y versátil. Porque un rasgo peculiar y paradójico de esta profesión, al menos en España, es que algunas de sus principales fortalezas (versatilidad, capacidad de gestión y coordinación de recursos, compromiso, resiliencia...) se acaban convirtiendo en debilidades al ser aprovechadas por los gestores y otras profesiones en beneficio propio.
¿Y por qué se permitió y se sigue permitiendo esto? Simplificando mucho, porque las élites enfermeras de la transición –mujeres progresistas, reivindicativas, implicadas e intelectuales: la enfermería cosmopolita– se refugiaron en la universidad y fueron sustituidas en las instituciones corporativas por hombres conservadores, pactistas y utilitarios –la enfermería profunda–, conformando unas estructuras corporativas «extremadamente personalistas, gerontocráticas y masculinizadas, muy mercantilistas y opacas, donde los intereses personales y corporativos se entreveran y a veces son indistinguibles, ante el desdén inconsciente, aunque no incomprensible, del grueso de la profesión, obligada a permanecer colegiada y abonar religiosamente sus cuotas».
Ahí siguen, después de 30 años. Unas élites extractivas y unas bases profesionales indiferentes. Pero diríase que algo está cambiando estos últimos años, con grupos de enfermeras activistas pro reforma de la organización colegial cada vez más numerosos que han impulsado potentes campañas en redes sociales, así como numerosas denuncias judiciales contra la corrupción y las tramas; unos medios de comunicación más alerta y receptivos; y unas élites más débiles y nerviosas, que no hacen, con su torpeza  –querellas, expedientes, intentos de toma de los colegios disidentes y amparo de los apaños de los afines, trampas legales para sortear las leyes y sentencias y falsear la voluntad de los colegiados en asambleas fraudulentas...–,  sino tensar al extremo una cuerda a punto de romperse y reforzar al enemigo.

Feliz día, coraje y suerte.


lunes, 16 de enero de 2017

El sindicalista cuántico



Igual que el gato de Schrödinger, que está al tiempo vivo y muerto en el experimento especulativo de Erwin Schrödinger, los liberados sindicales de SATSE están al tiempo colegiados y descolegiados. Cosas de lo cuántico…

(Me entero a través de los comentarios, un día después de la publicación de esta entrada, que el gato de Schrödinger ya fue utilizado por un querido y admirado amigo, Xose M. Meijome, en un agudo comentario tuiteado durante la celebración de la Asamblea a la que se refiere este post. Me encanta que a los dos se nos haya ocurrido esta metáfora cuántica).

Habrán podido conocer por los medios de comunicación y las redes sociales que decenas de liberados sindicales de SATSE, en lugar de dedicarse a lo que deberían, sea esto lo que sea, han decidido dedicarse a la alta política. Y a pesar de su tradicional insumisión colegial, mireusté, ahora han decidido colegiarse. Eso sí todos ellos, en comandita, en el mismo Colegio, el de Madrid (CODEM).

Después, cambiando la insumisión colegial por la sumisión sindical muchos de ellos han ido como corderitos a la Asamblea General de CODEM a aprobar las cuentas 2015, los presupuestos 2017 y de paso una modificación (presuntamente ilegal de la cruz a la fecha) de los estatutos del colegio, que sustituye las asambleas generales anuales por una reunión de compromisarios y convierte al Colegio en una suerte de caja de ahorros, partido político o club de fúmbol y a sus asambleas en algo así como una junta de accionistas con voto delegado.

¿Me explico más claramente? El CODEM, para garantizar que podría aprobar todo esto frente a la enfermería madrileña de base, ha afiliado en los últimos meses a (al menos, según informa la Asociación Madrileña de Enfermería) 170 liberados sindicales de SATSE que aprobaron con sus votos manchegos, navarros, murcianos, castellanos, riojanos, vascos, etc. los asuntos que únicamente incumbían a las enfermeras madrileñas: esas que, mientras estos sindicalistas se dedican a la alta política, le atienden y cuidan a usted en los centros y servicios sanitarios de la Comunidad de Madrid.

A la asamblea acudió también la crème de la crème corporativa, incluidos el presidente y el vicepresidente segundo del Consejo General de Enfermería, quienes, ¡hay que ver qué poco cuánticos!, en vez de estar al tiempo muertos y vivos, como el gato de Schrödinger, están al tiempo vivitos y coleando en dos colegios de enfermería, Córdoba y Madrid. O sea, predicando en vena con el ejemplo sobre praxis colegial ética y códigos deontológicos.

Como por la boca muere el necio, algunos neocolegiados reconocen los hechos y justifican su colegiación por una mentira y una verdad:


Pues bien: sostiene el tal Blaya que "al no ejercer la profesión -está liberado como secretario general de Satse- no tiene en realidad obligación de ser miembro de ningún Colegio, ni de estar afiliado al de un territorio determinado".

Y aquí es donde entra en escena el gato de Schrödinger, que aunque es felino conoce bien la legalidad y la jurisprudencia. Empezando por la legalidad, el artículo 7.1 de la vigente ley 2/1974 (texto consolidado) sobre colegios profesionales establece taxativamente que...




Por su parte, la jurisprudencia del Tribunal Supremo, precisamente a raíz de una sentencia en casación que anuló la elección como presidente del Consejo General de Enfermería de Il Professore Dottore en 2006, es algo más precisa. Dice la sentencia de 3 de noviembre de 2010:



De hecho la sentencia firme del Tribunal Supremo se refiere a ejercer la docencia; es más, en una facultad de Enfermería. Pero sentencia que esta dedicación docente no es, como exige la Ley sobre colegios profesionales, "encontrarse en ejercicio de la profesión que se trate".

No digamos, pues, del ejercicio como liberado-burócrata sindical, infinitamente más alejado aún del desempeño como profesión de la enfermería que la docencia.

Por tanto, si como sostienen el Tribunal Supremo (aplicando la ley) y el tal Blaya (desde su privilegiada experiencia personal) los liberados sindicales no ejercen la profesión, ¿podría alguien explicarnos por qué hay un buen puñado de liberados sindicales (que por tanto no ejercen la profesión) como miembros de la junta de gobierno del CODEM, situación para la cual, como ordena la ley y los propios estatutos del CODEM, hay que estar en ejercicio de la profesión?

Como el gato de Schrödinger, estos sindicalistas cuánticos están al tiempo no ejerciendo (para colegiarse solo cuando y donde quieran) y ejerciendo (para poder ser elegidos como cargos colegiales).

De no existir la connivencia que existe (ahora) entre el Consejo General de Enfermería y el CODEM, la sucesión de acontecimientos debería haber sido la siguiente: a) apertura de expediente informativo, de oficio o a instancia de parte; b) resolución anulando el nombramiento de una junta de gobierno conformada por colegiados que no cumplen los requisitos legales y estatutarios para tomar posesión de sus cargos; c) nombramiento de una Junta de Edad que convocara un nuevo proceso electoral, al que únicamente podrían ser admitidos como candidatos quienes realmente estuvieran en disposición de cumplir los requisitos, dejando fuera por tanto a los colegiados de Schrödinger.

Para finalizar, una pregunta retórica: ¿Se imaginan ustedes qué hubiera pasado si esta situación se hubiera producido, por ejemplo, en el colegio de Murcia o en el de Baleares?

Yo sí. Es que tengo una imaginación desbordante...




 HOY, 16 DE ENERO, SE PUEDE SEGUIR LA CAMPAÑA CONTRA ESTA VERGÜENZA EN REDES SOCIALES BAJO EL HASHTAG #VergüenzaCODEM