martes, 5 de septiembre de 2017

Folletín de verano: Asesinato en Kingsfont St (23)







Sospechosa: Aquí ha habido siempre tres personas que han manejado el cotarro: Anthony, Lala y Nicholas. Al principio eran jóvenes pero con los años, y son realmente muchos, Lala y Nicholas empezaron… no sé… a atontarse, a vivir fuera de la realidad… diría incluso a chochear.

Comisaria: Bien… ¿Y?

S: Aquí ha habido siempre, también, gente de segunda fila, material desechable, un disciplinado ejército de walking deads a los que se elegía para tareas sencillitas que no exigían excesiva preparación: asistir cuando eran convocados, votar lo que se les hubiera indicado, recibir el sobre, dar las gracias, besar la mano, callar y volver a su Council a seguir viviendo del cuento. Y marginar a los pocos desobedientes, que siempre los hubo; pocos, pero siempre hubo, ¿eh?
 «Los más viejos, con el tiempo, se convirtieron en una pandilla de resentidos. A ver… Lala y Nicholas no eran menos borregos, pero por lo menos eran discretos y cumplían sus tareas de forma más o menos satisfactoria. Que había que tomar un Council al asalto, allá iba uno… Que había que dar cobertura a un antro corrupto y que pareciera una institución decente, allí estaba otra. Funcionaba bien todo. Eran tiempos buenos, gloriosos, diría... Una maquinaria ordenada, precisa, implacable. Y muy rentable...

C: Pero luego…

S: Cuando Nicholas y Lala empezaron a estar menos encima de los temas, los que llevaban 20 o 30 años por debajo empezaron a pensar que ellos apenas se llevaban las sobras del pastel, que de eso ya estaba bien, etcétera, y eso fomentó algunas discusiones y tensiones subterráneas, digamos, que no llegaron a Anthony –delante de él absolutamente nadie se atrevía a criticar o cuestionar a nadie ni nada–, pero que mi papel privilegiado, siempre en la sombra, me permitió conocer. Ayudada, si he de ser sincera, por algunos artilugios electrónicos que el hijo de Nicholas me instaló…
«Hubo algunas purgas, claro... Las últimas, tres de golpe, hace solo un par de años: McQuintair, Cottage y Towers, pero a los otros, la verdad, el tonto de Smallwall no los vio venir... Smallwall es un flojo, sin nivel...

C: Ms. Smith, ¿realmente nadie conocía el hecho de que usted y Lord Paramount eran amantes?

S: Oh sí… Todo el mundo en el Standing Commitee estaba perfectamente al tanto. Del resto, no digo que no hubiera comentarios, pero no tenían evidencias, siempre fui muy discreta. Ser su secretaria ayudaba, claro, al igual que sus conocidos ataques de ira… Si a Anthony le venía una... eh... una urgencia… a nadie se le ocurría ni por lo más remoto molestarle: si yo no estaba en mi mesa, nadie osaba llamar a su puerta.

C: ¿Quién cree que mató a Lord Paramount, Eloise?

S: Line. O Cash. O los dos.

C: ¿Y por qué lo hicieron? 

S: Se enteraron de que íbamos a desaparecer, con todo el dinero a salvo en cuentas opacas.

C: ¿Y cómo se enteraron?

S: En realidad fue culpa mía… Cuando estaba comprando los billetes por Internet, naturalmente a través de Thor, el Internet profundo, entré unos segundos a hacer una consulta al Presidente. Fueron solo 30 o 40 segundos, pero cuando me dirigía nuevamente a mi mesa, vi perfectamente a Cash salir precipitadamente del despacho. Entonces no lo pensé, pero cuando encontraron a Anthony asesinado me dí cuenta de que vio al menos el destino, Gibraltar, y los dos nombres nuestros. Del resto ya no sé nada. Ni siquiera se me ha contado la causa del fallecimiento.

C: ¿Y quién diría que ha matado a Cash y Line?

S: No lo sé.

C: ¿No puede ni sospecharlo?

S: No.

C: ¿Sabe por qué está aquí?

S: Claro, no soy imbécil, creen que he sido yo para vengar la muerte de Anthony.

C: ¿Y no fue así, Ms. Smith?

S: No, ya se lo he dicho…

Nota de voz: Procedo a mostrar a la sospechosa la llave del búnker y el mando del búnker-dentro-del-bunker que tenía escondidos en un doble fondo del cajón inferior de su mesa escritorio. La sospechosa palidece ostensiblemente, sus manos empiezan a temblar y desemboca en una serie de sollozos.

S: Oh my God, oh my God...




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