viernes, 1 de septiembre de 2017

Folletín de verano: Asesinato en Kingsfont St (21)





En el teléfono móvil de Paramount se había podido encontrar un mensaje con el localizador de dos billetes de avión que resultaron tener el mismo destino que la pasta, Gibraltar. Estaban a nombre de Paramount y… no me dirán que no es gracioso: Eloísa, la fiel y enlutada secretaria, amante secreta del presidente  –perfecta y santamente casado y amoroso padre, por lo demás– desde hace 15 años, como acaba de confesar, era la titular del segundo.Con razón estaba tan compungida e irritada el otro día: sus planes para una jubilación de oro en algún país sin convenio de extradición con el Reino Unido se habían frustrado definitivamente con la muerte de su jefe y amante. Por de pronto, había sido arrestada y estaba siendo interrogada por la comisaria jefe Spring.
Por lo que respecta a los otros dos fiambres, el informe preliminar del forense no dejaba lugar a dudas: el crimen se cometió unas 24 horas antes de su descubrimiento. El asesino de Cash y Line era diestro; o sea, no quiero decir que fuera un manitas o un toreador, sino que la mano degolladora fue en ambos casos la derecha. A juicio (preliminar) del forense, el autor de estos dos últimos asesinatos fue el mismo (o la misma, aunque más probablemente, hombre); sugiere que degolló primero a Cash y después a Line sin apenas solución de continuidad. Muy probablemente, ambos estaban profundamente dormidos. Una tajada limpia y efectiva en el lado izquierdo del cuello que sesgó las arterias carótidas de las dos víctimas. Sangre y más sangre; en menos de un minuto, al hoyo. Y sin rastros visibles ni restos biológicos. Se buscan pistas indirectas.

9 de abril
El método de mi colega virtual Hercule Poirot, que le proporcionó tantos éxitos   –y esto empieza a parecerse al relato Ten Little Niggers, título luego cambiado a otro más políticamente correcto, And Then There Were None  partía de una certera máxima: «busca al asesino entre quienes se benefician del asesinato».



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